Río, un espejo donde mirarse

domingo, 04 de octubre de 2009

Por Ricardo Roa - Editor General Adjunto de Clarín

Río tiene fama de ciudad insegura. Muy insegura. Madrid no. Y menos Tokio y Chicago. Sin embargo, le ganó a las tres la nominación olímpica para 2016. Es un espaldarazo para Brasil y ninguna casualidad: detrás de ese triunfo hay trabajo de años y de gobiernos de distinto color político.

Lula alzó los brazos nada menos que delante de Obama, el rey Juan Carlos y Zapatero. Igual que él, todos habían ido a hacer fuerza por sus sedes. Madrid tenía el mejor proyecto técnico pero en el cuerpo a cuerpo final Río la venció por paliza: 66 a 32. ¿Qué le vieron los casi cien miembros del Comité Olímpico? Sólo se puede especular.
 
Uno: los europeos, casi la mitad del COI, no votaron por Madrid para que sus propias ciudades tengan chances en la próxima elección. Dos: los Juegos nunca se realizaron en Sudamérica. Tres: además del carisma de Lula, Brasil ya se codea con las grandes naciones.

Doce años atrás, cuando se votó dónde se harían los Juegos de 2004, la insegura Río fue descartada de entrada y Buenos Aires llegó a la final. Tuvimos un buen proyecto: el corredor olímpico volcado sobre el río, entre los bosques de Palermo y la Reserva Ecológica. Pero ya despertábamos escasa confiabilidad. Y con razón, tal cual se vio con el descalabro político y económico de 2001.

Buenos Aires no volvió a postularse y la Argentina perdió su único asiento en el COI. La consagración de Río es un voto de confianza. Una señal que es capaz de cumplir lo que promete.

Y es, al fin, un espejo de lo que pasa en los dos países. Brasil tiene políticas de Estado. Y posiciones firmes sin pelearse contra el mundo. No culpa a otros por los errores propios. Ni su presidente trata de enseñarle al resto cómo se hacen las cosas. Eso se llama costo argentino.

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