Acuerdo de Maipú, hacia la integración continental

Uno de los puntos fundamentales del Tratado de Maipú -que acaban de firmar las primeras mandatarias de Chile y la Argentina- es la firma del protocolo que avanza en la constitución del ente binacional que deberá poner en marcha el ferrocarril Trasandino y el túnel de baja altura, dos obras de enorme trascendencia estratégica para ambos países y para todo el cono sur.

Edición Impresa: sábado, 31 de octubre de 2009
No hace falta memorar todo el complejo tránsito que ha tenido en la historia de las pretensiones de Mendoza y del extremo sur del continente la aspiración de recuperar el tren Trasandino y luego, promover un túnel de baja altura que integre esta parte del continente por debajo del cordón cordillerano, como una suerte de "canal de Panamá" en el sur americano.

El mismo día en que firmaron el acuerdo de Maipú, Michelle Bachelet y Cristina Fernández de Kirchner insistieron ante la prensa en la decisión política de “perforar la cordillera para integrar cultural, social y económicamente a ambos países y al continente”.

Desde Asuntos Latinoamericanos de la Cancillería argentina, se señaló a la firma del acuerdo para constituir el Ente Binacional Túnel-Ferrocarril como “gran avance institucional”, debido a que se pasa de ser sólo un proyecto a contar con un protocolo que incluya una autoridad formada y garantizada institucionalmente por los dos países. Es una obra privada con aval público de gran dimensión -unos 3.000 millones de inversión aproximadamente-, que involucra a dos naciones pero beneficia a todo el extremo sur del continente.

No es por cierto un trámite sencillo ponerlas en marcha sin la existencia de un ámbito institucional que lo avale ante la actividad privada de los inversores argentinos, chilenos, brasileños, uruguayos, que han acordado en cartas de intención afrontar el desafío, y no lo es menos al convocar a la financiación mundial que implicará el proyecto, único y emblemático para la integración latinoamericana.
 
Esta entidad que se acuerda ahora será la encargada de gerenciar el proyecto por parte de los dos países. Ya existen prefactibilidades hechas, fondos internacionales para financiar los siguientes pasos e infinidad de empresas interesadas en participar de una obra “larga y gigante” que brindará innumerables ventajas a ambos países.

Las Cancillerías argentina y chilena se pusieron de acuerdo y se convirtieron en herramientas y representantes de ambas administraciones nacionales, de las provincias involucradas, de los ministerios, la sociedad civil, las empresas y la infinidad de sectores interesados en el avance del Corredor Bioceánico.
 
El viernes, en Maipú, se sumaron a la institucionalidad que implica tamaña propuesta los gobernadores de Mendoza y San Juan, dos de las provincias que más han bregado en los últimos 25 años por la conexión argentino-chilena y en particular por el desarrollo del Corredor Bioceánico por Mendoza -el túnel y el regreso del Trasandino- la terminación y habilitación del paso del Pehuenche -que se promete efectivamente para el año próximo, el del Bicentenario- y el futuro paso de Agua Negra, por San Juan.

El acuerdo -que incluye varios otros aspectos sociales, culturales y económicos- es ciertamente un paso concreto de verdadera política de integración continental, de apertura y asociatividad para el desarrollo. Por su valor emblemático, ambas naciones han decidido, además, completar su etapa simbólica con la visita -el 28 de noviembre- de ambas presidentas al Papa Benedicto, al cumplirse 25 años del acuerdo que superó viejos desencuentros limítrofes y políticos que incluso nos llevaron al borde de la guerra.

Un detalle que no es menor: el acuerdo genera instituciones binacionales para que la relación sea cada vez más efectiva y concreta, según se comprometen en La Moneda y La Rosada.
En la serie de documentos que conforman este acuerdo base figuran otros que implican, entre más puntos, el acuerdo de realizar al menos seis pasos más desde Pehuenche hacia el Sur.

Por cierto, uno de los propósitos es replantear y rediseñar los problemas que generan los trámites aduaneros en cada paso e intentar facilitar los intercambios, algo que hasta ahora no ha podido resolverse adecuadamente con los inconvenientes que durante todo el año (sobre todo en vacaciones) sufren argentinos, chilenos, brasileños y latinoamericanos en general, por las complicaciones burocráticas y climatológicas en el límite.

Por todas las implicancias que este acuerdo tiene para Mendoza, como cabecera de este corredor bioceánico llamado a ser un emblema de integración continental, configura una meta que deberá ser militada con perseverancia por las autoridades nacionales y provinciales, preservándola de las interrupciones políticas.
Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados