Así quedó la casa en la que vivía la familia Scordamaglia-Brodín. Foto: Patricio Caneo / Los Andes.
En las próximas horas podrían ser enterrados en el cementerio de San Martín los cuatro integrantes de la familia Scordamaglia-Brodín, que fallecieron con posterioridad a la explosión de su vivienda del barrio Mebna, la semana pasada.
Como ha informado este diario, los decesos y la parcial destrucción de la casa ocurrió con motivo de la intencional acumulación de gas, para producir la deflagración y la desaparición física de los cuatro integrantes del grupo, Marcelo Scordamaglia (44), su cónyuge Laura María Brodín, de la misma edad, y sus hijos, de 8 y 15 años, respectivamente.
La investigación policial y del Segundo Juzgado de Instrucción de la ciudad del Este, trabaja en la hipótesis de una decisión de suicidio masivo, motivada por la "insostenible" situación que atravesaba la familia, proveniente de Buenos Aires.
Ayer, el hermano de la mujer, Luis Brodín, realizaba trámites en el Cuerpo Médico Forense, con la intención de retirar los cuerpos de sus parientes. Pidió reserva sobre sus diligencias y comprensión por el momento que vive la familia. La última persona en fallecer fue precisamente su hermana Laura María, el sábado pasado, quien trabajaba en la Obra Social para la Actividad Docente (Osplad).
De todos modos, se aguardan las resoluciones finales de la necropsia de los cuerpos y las otras pericias encargadas, entre otras, las caligráficas vinculadas al escrito que dejó el matrimonio. También se confirmó en la víspera que todas las pertenencias de la familia, recuperadas tras el penoso suceso y que estuvieran en buen estado, fueron donadas a la parroquia San Pedro y San Pablo, en el barrio San Pedro, cuyo párroco es el padre Juan Pablo Dreidemie.
Personas cercanas al templo señalaron que la intención estaba plasmada en la carta encontrada en el domicilio, con las últimas decisiones de los mayores.
Por su parte, el padre Dreidemie señaló que tanto él como otros integrantes de la comunidad parroquial habían conocido a los Scordamaglia, calificándolos como "una familia creyente", que trataba de superar dificultades económicas y los delicados problemas de salud de los dos menores.
"Yo había estado con Marcelo una semana antes del dramático episodio, y de tres a cuatro días con su esposa; sabíamos de sus complicaciones, pero en esos encuentros no vislumbramos el drama que se estaba por desencadenar", contó Juan Pablo.
El sacerdote reflexionó sobre la tragedia en las tres homilías de las misas que se ofrecieron el domingo en la parroquia San Pedro. Fieles que escucharon sus palabras afirmaron que fueron una apelación a producir una compañía orante y silenciosa ante el doloroso suceso. "Reclamó imitar a Cristo, cuando encuentra en el costado del camino a un ciego, y lo integra al curso de la vida", dijo una vecina que escuchó las palabras del clérigo.
En otros círculos de San Martín se comentó que en una oportunidad hubo un apoyo material a los fallecidos por parte de la Municipalidad, y se destacó el fuerte trabajo de asistencia que venía realizando sobre el grupo familiar el Centro de Salud Mental-Infanto Juvenil de calle Gutiérrez, de esa ciudad, donde la conmoción entre los psicólogos y otros asistentes era perceptible todavía en la víspera.
La pequeña Shiloh padecía sirenomalía, un trastorno que sólo se produce en uno de cada 60.000 nacimientos. Cuando nació, los médicos sólo le dieron unos días de vida. Además de tener las piernas unidas, la “niña sirena” carecía de órganos genitales y de colon.
La DGE ya autorizó el incremento. Regirá para todos los establecimientos subsidiados por el Estado y será de manera progresiva.