Viernes 25 de mayo de 2012 | 14:21 hs
lunes, 26 de octubre de 2009
En su última película Mike Leigh apuesta a la felicidad: una maestra de escuela de 30 años se empeña por ser feliz, aspiración no exenta de obstáculos. Este film sobre Londres, mujeres y el placer de aprender es fluido y elegante y, como en toda película de Leigh, las interpretaciones son particularmente creíbles.
El generoso menú de extras de la edición de SP Films / Emerald posee un detrás de escena que se limita a mostrar cómo se rodó dentro de un auto (un prodigio técnico), en donde transcurre gran parte del film, buscando con esto verosimilitud.
De esa obsesión por la credibilidad del relato se puede saber más en Los personajes, en donde Sally Hawkins, Eddie Marsan, Alexis Zegerman y el propio director Mike Leigh no hacen otra cosa que revelar el famoso “método Leigh”: por seis meses, Leigh trabaja con sus intérpretes construyendo colectivamente sus personajes.
Al principio no se sabe cómo habrán de interactuar unos con otros. Cuando los personajes están delineados, entonces los actores se encuentran en el set y empiezan a improvisar una escena.
A partir de ese choque real se constituyen las escenas, y de allí su poder dramático. Leigh deja entrever cómo piensa un film. Un personaje es el centro narrativo y el vehículo filosófico de su interés.
Poppy representa una cosmovisión positiva del mundo. Así, Leigh, simplemente va buscando cómo, a partir de la interacción con otros personajes, se puede establecer y explorar un concepto, un sentimiento, en este caso, la felicidad, siempre inefable y sospechosa.
El método funciona, pues Leigh es uno de los pocos que logran salir airosos de un tópico propenso a la estupidez y el lugar común.