La empresa Iselín que presta servicios de transporte de pasajeros en el recorrido San Rafael-Mendoza-San Rafael, ha incorporado nuevas unidades a su flota, y eso está bien.
También está probando un sistema de seguridad de avanzada tecnología en beneficio de los pasajeros y de los choferes. Sin embargo -y valga el caso del interno 70 como ejemplo-, al menos ese coche tiene una fila de asientos incómodos, que deberían sacarse para la comodidad de los pasajeros.
En cada fila, es necesario que la butaca de adelante esté en su posición normal para que el pasajero de atrás pueda sentarse. Y lo que es más grave, éste último debe también reclinar su asiento si el de adelante opta por hacerlo porque de lo contrario queda su cara a pocos centímetros de la cabeza de su vecino y las rodillas clavadas contra el respaldo delantero.
El ancho de la butaca también es cuestionable. Los propietarios, ¿habrán probado viajar en esas condiciones durante tres horas y cuarto? Seguro que no, y quienes certificaron las normas IRAM ISO 9000 tampoco.
En algo debemos estar fallando los más grandes como para que cada vez sea más frecuente que los jóvenes protagonicen las noticias más tristes y conmocionantes. La falta de buenos ejemplos, sea en la escuela, la casa o la política, contribuyen para que no encuentren esa guía que no puede esperar.