Bienvenida señora,/ de regreso a su casa./ Mendoza presentía su retorno/y entonces se vistió de primavera./Los que la conocemos podemos asegurarle/que Mendoza está contenta./No por su adiós señora que eso es cosa/que sucede porque la vida es descuidada/y no entiende que hay gente que no puede decir adiós,/sino por esta bienvenida,/por este reencuentro./Señora usted sabe mucho de cielos/porque anduvo firmando el firmamento,/sus alas tienen tantos horizontes/que se puede decir que usted se la ha pasado/amaneciendo./
Estamos todos, señora,/los que usted quería,/esta sustancia que se llama pueblo./Algunos tienen lágrimas en el rostro/y otros están sonriendo,/ocurre así señora, cuando vuelven/los buenos tiempos,/los añorados,/los compañeros./
Por la Media Luna se comenta/que usted ha de quedarse por un tiempo/y entonces las guitarras con el Tito/colgándose de hilachas de punteo/salen a darle vida a los cogollos/de esos que se pagan con tinto en el aliento./Viene un Ángel con alas de lambrusco,/y el Armando, tan huarpe y tan poeta,/sale a buscar debajo de los puentes/un manifiesto,/y lo encuentra, señora, en sus labios sedientos./¡Qué manera más pura de ser canto!/¡Qué forma tan hermosa de ser cielo!
Se trata de un joven que se accidentó y hace 20 días que está internado en el Hospital Central. La amnesia le impide recordar su pasado.
Más de tres mil personas despidieron a Mercedes Sosa en el patio del Museo del Área Fundacional. Su hijo y sus hermanos arrojaron las cenizas al canal Cacique Guaymallén. Fue su deseo porque aquí nació artísticamente. Música, canto, pancartas y flores marcaron el emotivo acto.