Marionetas, toda una sensación

En 1887 un show de "pequeños seres mecánicos" era la atracción de la época. La sección de Los Andes dedicada al universo artístico mendocino acompañó desde sus primeras páginas el importante crecimiento de estas expresiones en la provincia.

martes, 20 de octubre de 2009
Marionetas, toda una sensación

Los Fabulosos Cadillacs, uno de los shows más esperados hoy.

"Es verdaderamente admirable ver a esos pequeños seres mecánicos, a los que le da vida por medio de misteriosos hilos casi invisibles". Así es como uno de los periodistas de Los Andes les contaba a sus comprovincianos la gran novedad: la llegada de un espectáculo de marionetas, manipuladas por un tal Holden. Corría el mes de agosto de 1887 y, en este pequeño pueblo que era Mendoza, aquellos prodigios nunca antes vistos fueron puntualmente registrados en el papel.

Este hecho, que hoy parece nimio (anunciar la existencia de marionetas), tiene desde una perspectiva histórica una trascendencia vital, respecto a la gestación social y cultural de Mendoza. Es que no sólo el diario supo dar cuenta, desde sus inicios, de las noticias que se suscitaban en materia de espectáculos, sino que ejerció un rol importante en la formación de espectadores y en la construcción de la identidad cultural mendocina; tales características son las que hoy, 126 años después, definen a cualquier medio masivo que dé lugar al arte y los espectáculos.

¿Cómo evolucionó esta sección a través del tiempo? ¿Qué nos entretenía antes y cómo esas prácticas fueron cambiando? ¿Qué espectáculos existían antes de que el cine, la televisión y el teatro hiciesen su aparición tal y como los conocemos? ¿Cómo fue Los Andes dando cuenta de esos avances? ¿Cómo se transformó la escena local?, ¿supo el diario mendocino acompañar el proceso y constituirse en documento testimonial de estos virajes? Aquí, las respuestas.

El mundo: una gran tertulia

Antes de que a fines de 1890 llegaran los primeros signos del teatro criollo, los ciudadanos de Mendoza disfrutaban de la música y la literatura como entretenimiento y modos de enriquecimiento cultural.

Las páginas de los primeros ejemplares de Los Andes son espejos fieles de aquellas prácticas de fines del XIX: en casi todos los ejemplares, una buena porción de la información cotidiana estaba dedicada a anunciar las tertulias que se realizaban en la casa de alguna prominente familia (con sus nombres propios y el de los asistentes, impresos); lugares donde tal y como sucedía en otras partes del país, el piano y las partituras de los compositores románticos eran transitadas por quienes sabían cómo dar cuenta de ellas.

Pero en esos tiempos, el diario también supo referenciar las instancias importantes: la muerte del escritor Víctor Hugo (1885); la aparición de un nuevo entretenimiento, la Calesita del Parque, que giraba al compás de un organito (1887); la Exposición de París de 1889; entre otras curiosidades que fueron otorgándole fisonomía y perspectiva al panorama local, nacional e internacional.

Con el teatro, surge la crítica

La crítica de espectáculos, agente fundamental desde la lógica mediática para la construcción del pensamiento crítico de sus audiencias, fue una preocupación del diario en estos últimos años del siglo XIX.

Comenzaban a definirse los esbozos de la escena teatral y fue aquí, a partir de la ópera, que crítica y escenarios comenzaron a agitarse.

Es así que en Los Andes se registran los anuncios de varias óperas, con sus extensas críticas a partir de 1887: "Ruy Blas", dirigida por Marchetti; "La fuerza del destino", dirigida por José Strigelli e interpretada por la Gran Compañía Lírica Italiana de Ópera Seria; o "Lucrecia Borgia" de Víctor Hugo, que fue aplaudida por la pluma fervorosa del periodista al anunciar: "Fuera de duda: Mendoza escala el primer peldaño que la llevará al pináculo de la civilización". Apenas unos ejemplos.

Luego, con la llegada de la compañía de los Hermanos Podestá (antecedente irrevocable del surgimiento teatral argentino) y su obra "Juan Moreira" (en 1892), las páginas de este matutino comenzaron a poblarse de referencias a los espectáculos relacionados con las ferias de atracciones, los circos, las zarzuelas y otras expresiones artísticas que llegaban, de tanto en tanto, a nuestra provincia.

Un año después de la admonitoria opinión que recibiera "Juan Moreira" en Los Andes (... "no lo creemos digno de ser representado en el teatro de una población culta...", escribió el periodista del momento), arribó la Compañía Palau con la zarzuela “Chateau Margaux”; y corrió con mejor suerte.

Así es como la práctica de la crítica periodística se instaló en Mendoza a través de este medio, a tono con el resto de los medios que, en aquellas épocas, punteaban en sus páginas la calidad del entretenimiento que consumían sus espectadores.

El pulso de la calle

En los primeros 30 años de existencia del diario, la actividad de los mendocinos relacionada con los espectáculos públicos era reducida. Pero, a principios del siglo XX, el periódico tuvo que comenzar a dedicar un espacio particular -que reunía junto a los temas sociales- para las carteleras de anuncios de espectáculos. Es que el crecimiento paulatino de las obras circenses, óperas y conciertos empezó a hacerse rutina: las 14 funciones en el Teatro Municipal para la ópera “El Gerany” (1911), son elocuentes.

De ahí que, apenas arribado 1913, Los Andes ya tenía su sección de: “Espectáculos públicos” y “Teatros”. Para 1940, toda la información comenzó a organizarse en una sección “Espectáculos”: fue la explosión cinematográfica la que demandó no sólo noticias, crónicas, críticas y titulares sobre las “estrellas de la época”, sino también los avisos publicitarios destinados a cubrir el febril entusiasmo de los mendocinos por poblar sus fines de semana con actividades sociales y artísticas.

Nuestras voces, nuestros artistas

Las décadas del ’50, ’60 y ‘70 fueron las que marcaron la necesidad de que el diario, que había sabido dar el pulso informativo a todos los acontecimientos, se lanzase a cubrir con intensidad el incipiente movimiento artístico local; ya signado con nombres propios: Carlos Owens, Maximino Moyano, Fernando Lorenzo y todas las huestes incipientes de teatro independiente local (Cristóbal Arnold, Gladys Ravalle, Elina Alba, Jorge Fornés y otros tantos); Hilario Cuadros, Tito Francia y el Cancionero Cuyano; los artistas plásticos que daban qué hablar, más allá de nuestras fronteras (José Bermúdez, Marcelo Santángelo, entre tantos).
 
¡Claro!: había llegado el rock, la tele, las minifaldas y las promesas revolucionarias de las tecnologías! En ese entorno el diario era, en tanto que medio masivo, una promesa de cambio tecnológico que comenzó a considerar a la pantalla como fuente y referente de noticias.

La mirada visual

A partir de los ’80, Los Andes supo ir adaptándose a los dictados mediáticos; regidos primordialmente por el lenguaje visual que impuso la televisión y, posteriormente, otros lenguajes audiovisuales provenientes de la electrónica.

Es así que “Espectáculos” buscó resquicios pequeños en los que una “foto dijese más que mil palabras”, apeló al color como nuevo constructor de significados, y adaptó sus textos a la funcionalidad que, actualmente, “piden” las masas.

Hoy, atravesado ya el tercer milenio, este diario, que supo transitar dos cambios de siglo, encuentra en esa proeza el capital que le permite sentirse “arte y parte” de este territorio tan complejo: el arte, la cultura y los espectáculos, que se ven reflejados en nuestro suplemento “Estilo”.

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