Un espacio siempre protagonista

Nuestro diario nació ligado a la noción de política, pero aquella enfocada al bienestar de la sociedad.

martes, 20 de octubre de 2009
Un espacio siempre protagonista

Raúl Alfonsín y el retorno de la democracia, un acontecimiento clave en la historia de la sección política.

Los Andes nació y comenzó a crecer emparentado con la política mendocina pero con una concepción de la política claramente orientada al bienestar de la sociedad de aquellos tiempos y al progreso de una región dura y desértica que necesitaba protagonismo en una nación ya proyectada al mundo.

Como bien señalaba nuestro director periodístico, el doctor Arturo Guardiola, en su nota de presentación del libro "Los Andes, 125 años de historia", en los primeros tiempos de este diario, en Mendoza, que se reponía de un devastador terremoto y de una epidemia de cólera, "se torna gigante la figura de Adolfo Calle y de los hombres de su generación que, con audacia, amor propio y un espíritu elevado, lograron un consenso colectivo fundacional y, en medio del desierto y la desolación, construyeron una gran provincia...".

A partir de ahí, este diario ha tenido un especial celo por la defensa de lo nuestro, de los intereses provinciales ante la Nación u otros Estados y por el seguimiento de las políticas públicas más influyentes y determinantes para la vida de los comprovincianos. Si en estos 126 años ha habido alguna desviación con respecto a esos preceptos, en mayor o menor tiempo, como el árbol que renueva su hojas y expulsa sus impurezas, el diario supo salir airoso y seguir creciendo. Después de todo, como dice un proverbio hindú, el árbol que más se sacude es el que da mejores frutos.

Pasión por el relato de los hechos

En ese derrotero informativo, quienes sucedieron en el tiempo a Adolfo Calle supieron mantener intactos sus principios rectores y acrecentaron el caudal informativo acorde con cada época y cada circunstancia.

Los Andes está lleno de lecturas e interpretaciones políticas en sus páginas de principios del siglo pasado. Difícilmente una simple información no llevara aparejada, en el texto, el punto de vista editorial del diario. Era una forma de orientar al lector y ayudarlo a entender lo que pasaba.

Pero Los Andes no sólo era noticias y opiniones vertidas a través de las monótonas estructuras casi cablegráficas con las que colmaba sus páginas. Cuando los hechos lo justificaron, el impacto visual también se lograba en el diario.

Uno de los primeros ejemplos claros lo tenemos impreso en un suceso político que conmocionó a la provincia y el país: el asesinato del ex gobernador Carlos Washington Lencinas, en noviembre de 1929, en medio de una tremenda crisis con el yrigoyenismo.

Quienes tienen oportunidad de consultar la colección de diarios de aquella época se sorprenden con el despliegue informativo y de ilustraciones. Hoy lo pondríamos como ejemplo de un completo trabajo de edición.

Con el correr de los años otros sucesos políticos que marcaron al país y la provincia quedarían instalados en las páginas del diario con un cronicado notable: los años del peronismo, la posterior Revolución Libertadora, los vaivenes institucionales de la década del '60, los años posteriores al golpe de 1966 hasta el Mendozazo.

Un párrafo aparte merece la cobertura que se dio al proceso legislativo que terminó con la gobernación de Alberto Martínez Baca. El juicio político iniciado al mandatario peronista llevó a una inusual cobertura con la asignación al tema de los mejores y más expertos periodistas disponibles por entonces, ya que la realidad pasaba por el tradicional edificio de Patricias Mendocinas y Sarmiento.

Una etapa difícil

Estos casi 26 años de vida democrática ininterrumpida, o significativamente consolidada, fueron llevando a Los Andes a realizar cambios organizativos de gran importancia en cuanto al manejo de la información política.

En los primeros tiempos del gobierno militar instalado en el poder en 1976, el mayor abordaje periodístico estaba limitado a las actividades oficiales. Con dirigentes partidarios silenciados resultaba riesgoso para la clase política exponerse alegremente al rigor de las autoridades de entonces.

Por eso no existía una sección de política. Si no la hubo en tiempos previos, cuando en la convulsionada época de los '70 las diferencias ideológicas se dirimían a través de las armas, en menor medida se podía pensar en cronistas o redactores especializados en pleno auge del gobierno de facto.

Claro, que a diferencia de lo que pudiera ocurrir hoy, tras un cuarto de siglo de gobiernos renovados por la voluntad popular, lamentablemente en aquellos años los periodistas veíamos como algo común la alternancia de civiles y militares en el manejo del Estado.

Con los años, la dictadura militar se fue desgastando, dando paso a un lento resurgimiento de la actividad política y también la gremial. Precisamente, una de las más importantes coberturas de esa época que se recuerda es la de la manifestación del 30 de marzo de 1982, que tuvo una fuerte y trágica represión en Mendoza.

Fue parte de una movilización nacional ordenada por la CGT en demanda de mejoras salariales. "Tengan cuidado, quiero buenas fotos, pero no héroes...", dijo el secretario de Redacción de turno de nuestro diario al par de reporteros gráficos asignados para cubrir una marcha que ya se presentaba como de alto voltaje. Ellos y otros colegas suyos y cronistas debieron recurrir a las acequias de la zona del barrio Cívico para protegerse.

La derrota en Malvinas precipitó aún más la salida del régimen militar. Con el general Bignone al frente del gobierno nacional se efectivizó la apertura política y rápidamente hubo un calendario militar.

Vientos de cambio

El año 1983 fue especial en nuestra Redacción. Aquella prioritaria cobertura de los hechos del gobierno de facto había quedado atrás. Al contrario, poco interesaba ya lo que ocurría en los ámbitos oficiales, sino que la atención periodística se volcaba hacia el terreno partidario. Sí despertaba curiosidad cada anuncio, cada mensaje gubernamental que estuviera orientado hacia la salida institucional, ya impostergable, de fines de 1983.

A menudo, los periodistas de Los Andes invitábamos a los referentes partidarios de entonces para ver por cadena oficial (sólo había TV por aire local) algún mensaje de Bignone u otro integrante de su gabinete. Así nos asegurábamos las opiniones y pasos a seguir de los políticos. Era la manera de tenerlos a mano, ya que no existían celulares, como ahora, para localizarlos "al toque" y los teléfonos no siempre eran confiables.

Los grandes actos de campaña fueron la otra novedad del histórico año '83. Las noches de las visitas de Alfonsín y Lúder, la Redacción quedó virtualmente de-sierta: todos pugnábamos por un pedacito de cobertura al menos para deleitarnos con las pintorescas barras partidarias y el tremendo gentío que acompañó a los principales candidatos presidenciales de entonces.

Ni qué hablar del día de las elecciones, la posterior constitución de las Cámaras legislativas y la asunción de las autoridades electas. En menos de dos meses una gimnasia periodística plena para la cual tuvimos que prepararnos con vocación y profesionalidad luego de años de chatura y monotonía informativa.

Tecnología y reordenamiento

Durante los primeros años de democracia, en lo organizativo la sección Política no estaba formalmente constituida, pero en la práctica funcionaba como tal. Se cubría la actividad de los poderes políticos del Estado (el Ejecutivo y el Legislativo) con uno o dos periodistas acreditados en cada uno de ellos. Otros seguían de cerca la labor de los partidos.

En 1993 comenzaron a incorporarse secciones o columnas fijas firmadas para el abordaje político, que sumaron el análisis y la opinión a las siempre abundantes crónicas de nuestro diario. Y cinco años después, como parte de una profunda reestructuración de la Redacción, el área de política ya tuvo su espacio en las páginas del diario y su propia organización, con editor, jefes, redactores y cronistas. Lo mismo ocurrió con las restantes secciones.

En la última década hemos consolidado la idea de caminar periodísticamente detrás de temas que en muchos casos son instalados ante la opinión pública por el diario, o que si ya estaban instalados en la opinión pública necesitaban interpretación.

Todo lo que acontece es importante, pero se priorizan los resultados de los actos políticos antes que el declaracionismo o la mera enunciación. No se debe ir sólo detrás de agendas públicas, sino rescatar de éstas lo que realmente impacta en la gente.

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