Termina enero y Reñaca sigue ardiendo

Las playas chilenas cierran el primer mes del año con un registro récord de mendocinos que disfrutaron a pleno. La moda y los sectores preferidos.

viernes, 30 de enero de 2009
Termina enero y Reñaca sigue ardiendo

Look playa. Las mendocinas Debra Gordon y Agostina Schiavone en la arena de Reñaca.

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Martin Sardá - Textos: Andrés Larrovere - Fotos: Enviados especiales a Reñaca

Las visiones no son las mismas. Los que llegan un fin de semana se hacen una idea y los que transcurren de lunes a viernes se llevan otra impresión. ¿Este verano hay más mendocinos en Reñaca o los dueños de casa coparon enero? Las respuestas dependen del día en que se lo mida, ya que pueden existir sensaciones diferentes.

Pero hay un dato certero: las estadísticas y cálculos brindados en la última semana por el Servicio Nacional de Turismo de Chile (Senatur) demuestran que los argentinos volvieron en grandes cantidades al país trasandino. Sólo comparable con el verano 2001.
 
A simple vista sobresalen varios grupos de turistas tomando mate, los más jóvenes visten camisetas de clubes argentinos -la más vista es la de Godoy Cruz- y las chapas patentes de los automóviles que circulan confirman la tendencia.

Durante la semana, los cuyanos se cruzan y se mueven como por su casa. Parece que el ritmo del balneario desciende; por algunos días hay un tránsito más tranquilo y en la playa se abren los espacios para clavar la sombrilla; y los mayores pueden cuidar tan sólo con una mirada atenta desde la reposera cuando los chicos juegan en el agua.

Los comprovincianos se encuentran durante el día y en la noche coinciden en el restaurante o en el bar brindan con una bebida bien nacional, el fernet.

Aunque para aquellos visitantes que arriban el viernes o el sábado, el panorama es otro. Es que los habitantes de la capital chilena escapan del calor de la metrópoli y en menos de dos horas invaden la costa. La corta distancia que separa Santiago de Viña del Mar los tienta para una escapada de fin de semana y en diferentes sectores de la arena se escucha la tonada y los modismos locales.

Además, muchos viñamarinos han terminado sus obligaciones laborales y aprovechan las bondades de su tierra y mar. Y en las fiestas en las discos de moda, no caben dudas, la gran mayoría son nativos.

El perfil de cada sector

Aunque la playa tiene sus zonas elegidas según la nacionalidad, algo que se da casi en forma natural, más allá de las preferencias de acuerdo a las edades. “En algunos sectores como el 0 hay más gente de Viña y Valparaíso; en el 1 y 2 se mezclan más argentinos, y chilenos, pero hay familias y muchos niños; y el 4 es de una clase más alta y está lleno de argentinos; mientras que en el 5 son jóvenes chilenos”, describe Benjamín Aguirre, salvavidas de Reñaca.

Es así, cuarto y quinto sector, son los sitios de moda y que ofrecen bandas en vivo, sets de DJ, y marcas de telefonía o cerveza apuestan a la promoción en sus paradores exclusivos.

Precisamente es el lugar donde más se reparten tarjetas e invitaciones para los boliches.

Apostadas entre el 3 y el 4, un grupo de mendocinas toman mate y cuentan que en algunos casos no se distingue la nacionalidad de los turistas, pero son más las veces que descubren su origen. “Los varones chilenos tienen una onda más skater, con zapatillas más grandes y ropa más suelta, también se ponen viseras; y las mujeres usan más accesorios llamativos, traen carteras; y otros cortes de pelo”, coincidieron las mendocinas Debra, Agostina y Florencia.

“Otra diferencia es que los argentinos son más ruidosos, gritan más; mientras que muchos chilenos vienen con ropa a la playa y en grupos grandes”, agregaron las jóvenes estudiantes.

Personajes sobre la arena

Más allá de los turistas, de uno y otro lado de la cordillera, la playa de Reñaca ofrece personajes que deambulan de una punta a la otra, que trabajan recorriendo la arena y por diferentes motivos sobresalen en medio de la marea humana.

De lejos se puede ver su andar simpático, agradable; adornada con un collar de flores al estilo hawaiano y atenta al llamado de los clientes. Macarena tiene 24 años, es viñamarina y durante el verano se traslada a Reñaca para trabajar. Vende rosarios, collares, aros, pulseras, tobilleras y trabitas para el pelo, que van de los 500 a los 2.000 pesos chilenos. “Sí, los argentinos regatean, pero como buenos chilenos, les damos una rebaja”, cuenta.

Mientras el guardián de la costa observa el movimiento de los bañistas. Benjamín Aguirre (24) cuida el sector 4 y cuenta que hubo bastante trabajo en este inicio de año. “Hemos tenido varios rescates, la mayoría fueron en año nuevo, de gente que entra al agua con muchos tragos encima y otros menores de edad. Argentinos y chilenos por igual”, detalló.

Leopoldo ya es un clásico de la playa. Los niños lo tienen más que ubicado y confirman su presencia sin ni siquiera verlo. Cuando se escucha su organito los más pequeños salen a su encuentro y admiran los molinetes, pelotas, burbujas y otros juguetes, como el loro que lo acompaña.

“Trabajo hace más de 20 años, es una herencia de mi padre”, cuenta el residente de Valparaíso y añade: “El loro se llama Pepe, siempre los llamo así. Antes tuve dos monos, pero son más complicados”.

Rodeada de una “enjambre” de varones con cámaras fotográficas, una exuberante modelo promociona una cerveza brasileña. Se trata de Noelia Chazarreta, una cordobesa que con una diminuta bikini roja exhibe su escultural figura y sus sinuosas medidas 90-62-94. “Hace tres años que vine a Chile a trabajar y estudiar (Diseño industrial) y ya me quedé”, cuenta la argentina de 29 años, que en 2007 fue elegida Miss Reef en el país trasandino.

Unos metros más allá Vitorio Bragovia adivina la suerte. Hijo de madre gitana y padre peruano, según se presenta, el tarotista le tira las cartas a unas jóvenes, y dice: “Las mujeres se muestran más interesadas, pero algunos hombres también quieren saber sobre su destino en el amor, en el sentimiento.

Yo nací el 14 de febrero, el día de los enamorados, así que tengo un don especial para adivinar la suerte de la gente”. Vive en Santiago, pero desde hace 13 años que visita la playa y asegura que no intuye la fortuna, sólo lo relacionado al corazón, “sino, ya sería rico”, aclara.

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