Fue en un barrio de Guaymallén. Las víctimas creen que son los mismos que actuaron en el asalto y violación a la ciudadana canadiense. A la amarga experiencia se sumó la burocracia oficial.
viernes, 30 de enero de 2009
Cuando el viernes 23 llevaba apenas unos minutos, casi toda la familia Diconto (son nueve y habían siete) pasó la peor media hora de su historia. Fue cuando desde los fondos aparecieron seis ladrones armados y con sus rostros semi ocultos que ingresaron a la casa ubicada en calle Gutiérrez al 3200 de Guaymallén, cerca del Club de Campo.
Según las víctimas, el modus operandi de la gavilla guarda muchas similitudes con la que hace dos días asaltó (y violó a una mujer) en la posada para turistas de Coquimbito. "Sólo que en este caso no hubo violación", tal como indicó a este diario el jefe de la familia, el empresario Mario Diconto, único ausente en el momento del suceso.
El atraco no fue dado a conocer de manera oficial y comenzó pasadas la 0 del viernes 23, cuando en la casa había siete personas: la esposa de Diconto, tres adolescentes que miraban TV y tres jóvenes que dormían. Los delincuentes -al igual que en el golpe a la posada- ingresaron por los fondos y sorprendieron a todos con sus caras tapadas un poco por sus remeras y otro poco por los gorros que usaban.
"Mi hija estaba viendo televisión y cuando aparecieron los ladrones pensó que todo era un chiste de uno de sus hermanos; pero no fue así. Los tipos enseguida mostraron sus armas y todos se dieron cuenta de que venía en serio", explicaba el jefe de familia.
La zona donde ocurrió el atraco es una suerte de conglomerado de casas lindas en las que al ingreso hay tranqueras; luego existen pequeñas calles interiores, que fue donde los ladrones escondieron los dos autos en que llegaron. Está ubicado en el costado norte del Club de Campo.
La pesadilla
"Una vez que tomaron a los que veían televisión, fueron hasta la habitación donde dormía mi hijo Leo. A él, que es más bien de contextura grande y tiene 22 años, lo despertaron primero y lo golpearon después. Luego uno de los ladrones lo tuvo todo el tiempo boca abajo con la rodilla en su espalda y el arma en la cabeza", seguía Diconto.
"Yo nunca les pude ver las caras; pero el que me apuntaba a mí era el más grande -de unos 50 años- y era el que les daba órdenes a los demás", recordaba el joven. La banda, de acuerdo con lo que vieron los testigos, estaba compuesta por tres jóvenes de alrededor de 20 años, dos más de entre 30 y 40 y uno mayor, al parecer el jefe.
Entretanto, tres de los ladrones tomaron a la hija del matrimonio, una chica de 17 años, para que los condujera por la casa y así elegir las cosas que se llevarían. "Otra similitud con el asalto en la casa de la señora canadiense fue que a cada rato los ladrones preguntaban dónde estaba la caja fuerte, algo que no tenemos", razonaban en la familia.
Igual, los ladrones se hicieron de electrodomésticos, una notebook, cuatro celulares, cámaras digitales, alhajas, una buena cantidad de ropa que guardaron en bolsas y tres mil pesos en efectivo; algo que al parecer les resultó satisfactorio, porque luego se fueron dejando encerradas a sus siete víctimas en una de las habitaciones.
"Este caso debe haber sido al voleo porque a cada rato le preguntaban a mi mujer a qué hora llegaba yo. Ella les dijo que de un momento a otro", explicaba Diconto. Luego, la gavilla escapó en los dos autos en que habían llegado, "uno grande, como un Rambler o un Falcon, y uno más chico como un Peugeot 107 o 207", según pudieron ver las víctimas.
El juego de las diferencias
Si bien, como se ha leído hasta ahora, los Diconto descubrieron muchas similitudes entre sus ladrones y los que robaron en la posada de Coquimbito, detectaron algunas diferencias con el golpe que sufrió esta semana la familia de Juan Marchena en su casa de Godoy Cruz.
"Por ejemplo, a la casa de Marchena fueron 20 policías y hasta autoridades; en nuestro caso sólo llegaron dos policías, y varios minutos después de ocurrido el hecho”.
Otra diferencia fue que en el caso del presidente del PJ llegaron tan a tiempo que lograron detener a dos de los asaltantes y recuperar todo lo robado; nosotros no tuvimos esa suerte: no contamos con detenidos ni hemos recuperado nada de lo que nos quitaron. No quiero creer que hay preferencia por atender a ciertas víctimas", decía con suspicacia el comerciante Diconto.
La denuncia quedó radicada en la Oficina Fiscal 9 de Villa Nueva, donde los Diconto tuvieron más sorpresas de las que no son agradables. (ver aparte). Rolando López - rlopez@losandes.com.ar