Felipe Solá: “Puedo conducir una alternativa a Kirchner”

El ex gobernador, cada vez más cercano a convertirse en un referente opositor, dice que el ex presidente realizó la mejor gestión desde 1983 a la fecha, pero que cayó en el autoritarismo y critica a Cristina por su falta de independencia.

domingo, 18 de enero de 2009
Felipe Solá: “Puedo conducir una alternativa a Kirchner”

El primero. Solá ya picó en punta como el primer precandidato del justicialismo a la Presidencia en las elecciones de 2011.

Por Ricardo Cárpena - Fotos: Los Andes

Está rara la Argentina. Lo que antes era de una forma, ahora ya no lo es. Lo que se insinuaba de izquierda, ahora es de derecha. Y viceversa. Las drásticas definiciones que ayer se rubricaban con la mano hoy se borran con el codo. Nada es lo que parecía. Todo cambia, todo se transforma, todo se lleva de patadas con el pasado y hace trizas el futuro.

Está tan rara la Argentina que, aunque Juan Domingo Perón había anticipado que el año 2000 nos encontraría unidos o dominados, los políticos locales parecen conformarse con que este modesto 2009, al menos, sólo los encuentre. Vayamos a algunos ejemplos.

Néstor Kirchner ahora jura públicamente que no está de acuerdo con interrumpir el tránsito en las rutas, pero lo hace a no tantos meses de haber bendecido los cortes en Gualeguaychú.

Mauricio Macri deja Punta del Este para inaugurar una playa en pleno Buenos Aires, pero termina enterrado en las arenas movedizas del Teatro Colón. Elisa Carrió hace gala de su flexibilidad sin límites no sólo buscando al macrismo sino también al piquetero Raúl Castells.

Y, como si esto fuera poco, Felipe Solá, el diputado, ex gobernador y a quien el kirchnerismo tildaba de “peronista y estanciero”, asegura muy suelto de cuerpo, durante una entrevista con este diario, que él se considera progresista (“no progre”, aclara) y que siempre lo fue, mientras advierte que el que se corrió de ese espacio es, en realidad, el gobierno kirchnerista.

Está rara la Argentina, pero, al parecer, no tanto para el propio Solá, que parece tener las ideas claras en este mediodía de enero, en sus flamantes y blancas oficinas de la avenida Belgrano y Sáenz Peña, desde donde comenzó a amasar un proyecto político personal que, según espera, podría llevarlo a suceder a Cristina Fernández en el poder después de 2011.

En efecto, allí, en esos despachos aún con olor a pintura, el legislador que se animó a ser el primer oficialista de peso en oficializar su alejamiento del kirchnerismo se atreve ahora a decir lo que no le había dicho a nadie (y eso que su imagen y su palabra se multiplican casi todos los días): “Quiero ser candidato a presidente. Voy a hacer lo posible para que así sea”.

¿Para qué? “Me parece que puedo cambiar el clima en la Argentina -afirma sin ningún afán meteorológico-. Puedo ofrecer lo que se hizo bien y cambiar lo que se hizo mal. Acá hay una transformación incompleta, que empezó bien y luego se frustró. Yo no me fui con la oligarquía. Me quedé en el lugar del sentido común”.

Solá se acaba de convertir en el primer precandidato presidencial del peronismo. A dos años de los comicios de 2011. En medio de la incertidumbre que genera la suerte del oficialismo.

Pero el ex gobernador, que elevó su imagen en el conflicto con el campo, cree que está ante la gran oportunidad y no quiere desaprovecharla. No admite que se pasó a la oposición, aunque afirma que Cristina Fernández lo decepcionó porque no es independiente de su esposo y que hay más pobres que hace diez años, aunque al Gobierno eso “no le interesa”.

-¿Por qué dejó el oficialismo y se pasó a la oposición?

-No me pasé a la oposición. No me integré a ninguna oposición. Lo que hice fue salir del bloque del Frente para la Victoria porque mi situación ahí no se sostenía fácilmente, no tenía apoyo.

Pero no integro el bloque de la oposición. Esto puede confundir a algunos, pero la verdad es que sigo opinando igual que siempre. Ahora tengo más libertad para decirlo porque no tengo que gobernar. Me mantuve en un lugar. El que se corrió fue el Gobierno.

-¿En qué se diferencia de Kirchner?

-En la concepción sobre mantener fuerte el vínculo con la base social que ya no está, y que era, a la luz de estos cuatro o cinco años, una especie de conjunción entre los trabajadores, los excluidos y las clases medias. Eso se perdió, se rompió y, al romperse, el Gobierno quedó aislado y con un discurso para la militancia, pero ya no llega a las clases medias. Yo no estuve nunca dispuesto a romper ese vínculo.
 
En la Argentina no hay ninguna posibilidad de terminar con la exclusión y de hacer un país más justo y más seguro si no hay una fuerte unidad en los hechos, en un proyecto para manejar el Estado que sea apoyado por los humildes, los que necesitan sí o sí al Estado, y la clase media, que es más crítica del Estado y lo necesita poco.

-¿Y cuál considera que fue el momento de esa ruptura?

-La resolución 125. La guerra gaucha, sin duda. No tanto por la resolución en sí, sino por la decisión de pulsear durante el número de días que fuera necesario, como si eso fuera una cuestión ideológica de base, y que hizo que millones de personas se pasaran al otro lado de la pulseada.

-¿Cómo define a Cristina Fernández?

-De su capacidad personal y de su militancia no tengo ninguna duda. De la decepción que me produjo como presidenta, tampoco tengo ninguna duda. Es solamente por una razón: que la gente quiere que quien es presidente sea independiente. Por ejemplo, una mañana cambia el Gabinete.

Y otra mañana hace algo que no le gusta a Kirchner y que se sepa que no le gusta a él. Es decir, la idea es tener una presidenta que se puede equivocar o no, pero que, antes que nada, es independiente. Así como está, el modelo no ha funcionado. Y es muy duro decirlo porque, de las mujeres que andan por ahí, parece de las más capaces, pero no es ella. Ella no es ella, es ella y su consulta.

-¿Cómo define a Néstor Kirchner?

-Es un hombre que ha sido muy importante, va a serlo siempre. Con él hay un antes y un después en la Argentina. Hizo un primer gobierno que ha sido el mejor desde 1983. El mejor en cuanto al cambio psicológico, cultural y material. Primero, el cambio en la autoestima de los argentinos.
 
Luego, el cultural, porque en el país empezó a haber una idea de que se podía argentinizar el manejo de la economía y de que no estábamos irremediablemente condenados a la globalización y a insertarnos como quería el mundo que lo hiciéramos. Y el cambio material, claro, por el crecimiento económico de la Argentina. Fue un gobierno con una fuerte conducción política. Ahora, en la mejor condición que uno tiene en la vida siempre está la peor.
Están en el mismo lugar las dos. Pero lo que cuenta es la capacidad de los que gobiernan. Tal vez haya sido esa autoridad para provocar el cambio la que terminó en el autoritarismo posterior y desembocó en lo ocurrido con la resolución 125: la pérdida del 30 por ciento de la gente y la ruptura de la alianza implícita de apoyo.

-¿Usted quiere ser candidato a presidente?

-Sí, quiero ser candidato a presidente. Voy a hacer lo posible para que así sea.

-¿Por qué quiere ser presidente?

- Me parece que puedo cambiar el clima en el país. Puedo ofrecer lo que se ha hecho bien y cambiar lo que se hizo mal. Hay una transformación incompleta. Empezó bien y luego se frustró. Yo estaba acá: el que se corrió es el Gobierno. No me fui con la oligarquía. Me quedé en el lugar del sentido común.

-¿Este gobierno es progresista?

-Este gobierno se ha corrido mucho. Es progresista en el discurso, pero en los hechos se ha salido del eje. No es un tema de ideologismo o de ser setentista, sino de entender la sociedad moderna y afrontarla con una mirada progresista. Si no se garantiza la unidad política, cualquier posición progresista no sirve. En nombre del progresismo hablás de una minoría, pero lo que hay que recuperar es la mayoría.

-¿Qué hará en estas elecciones?

-No tengo decidido si voy a ser candidato en la provincia, pero voy a caminar el distrito y el país en campaña. Después veré.

-¿Qué aliados imagina?

-Peronistas y no peronistas que estén desencantados, que no sean antikirchneristas de la primera hora, porque en tal caso no van a tener que ver conmigo tampoco. /La Nación

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