José Luis Altamirano: “El guía estaba muy débil y luchaba por sobrevivir”

El líder del rescate en el Aconcagua contó los pormenores de la misión que tuvo con un grupo que superaba la treintena de personas.

domingo, 11 de enero de 2009
José Luis Altamirano: “El guía estaba muy débil y luchaba por sobrevivir”

Distendido. En la cumbre, José Luis cuando el ascenso es por placer y no por una urgencia.

Por Miguel Títiro - Fotos: Gentileza

Concedió la entrevista a regañadientes porque quería que estuvieran todos los integrantes de la comisión que hizo el salvataje y no él solo. Al oficial inspector José Luis Altamirano (39, casado, 4 hijas), de la Patrulla de Rescate de la Policía, se le murió en los brazos el guía mendocino Federico Campanini (31), durante el operativo de salvamento de los integrantes de la expedición italiana del Día de Reyes, en la cara Norte del Aconcagua.

Allí perdió la vida la peninsular Elena Senin (38).

Con 15 años en la sección policial de montaña, acredita 24 cumbres en el Centinela de Piedra, la mitad en ocasión de misiones de salvamento. El día del percance de la comisión ítalo-argentina de la ruta Norte, sus superiores le ordenaron comandar el rescate. En su casa de Uspallata, junto a su esposa Cristina, el policía revivió la operación que le tocó encabezar.

“El operativo lo cumplimos un puñado de policías, con el apoyo de un gran número de civiles, entre guías, porteadores y campamenteros. Sin ellos no sé cómo nos hubiera ido”, aclara de salida.

-¿Cuándo empezó su participación en el rescate múltiple?

-Al momento del pedido de auxilio de (Federico) Campanini me encontraba recuperando el cuerpo del alemán (Stefan Jeromin), en el Glaciar de los Polacos y me indicaron que encabezara la búsqueda de los cinco extraviados. En altura nevaba mucho y había viento blanco.

El helicóptero del parque me dejó en Nido de Cóndores (5.200 m), junto con José Remonda y otros rescatistas.

-¿El helicóptero fue determinante?

-De otra forma hubiéramos demorado dos días de Puente del Inca a Nido, y así ascendimos en 20 minutos. El piloto Néstor Horacio Freschi los ubicó a la altura de “Cuello de Botella” en el Glaciar de los Polacos. Fue entonces que entre todos los patrullas convenimos en ascender por la normal a la cima y luego bajar unos 500 metros hasta donde se encontraban los perdidos, a 6.300 metros.

-¿Cómo fue el encuentro con los andinistas?

-Muy difícil y complicado. Para entonces (el jueves pasado) ya se nos habían sumado unas 35 personas civiles, que espontáneamente se unieron a la búsqueda. Llegamos de todos los campamentos del cerro. Hasta el cocinero de Plaza Argentina llegó a la cima, sin pensarlo. Esa gente actuó con una solidaridad fuera de serie.

Empezamos a bajar de la cima y de improviso, sobre una banda rocosa, observamos a cuatro personas sentadas contra unas piedras. Antes habíamos encontrado una piqueta, antiparras, bastones...indicios inequívocos de una situación anormal, de una caída.

-¿Al verlos denotaron alegría, alguna expresión?

-Estaban muy quietos, con mínimas reacciones. Eran Campanini, y los tres italianos, dos varones y una chica. Resolvimos aplicar el procedimiento “Triash”, que es la selección de las personas por su gravedad. El más delicado era Federico. Sólo un italiano hablaba. Habían pasado dos noches a la intemperie.

-¿Cómo los sacaron de ahí?

-Los hidratamos y empezamos a tratarlos según instrucciones de la médica de Plaza de Mulas. El temporal se nos venía encima, nos urgía sacarlos de ahí, un lugar escarpado, de roca podrida. Con una cuerda fija se empezó a extraer la gente.

-¿Dijo algo Campanini?

-Era el más grave, estaba adormecido, sólo después de hidratarlo, balbuceó ‘se rompió una placa (de hielo), se rompió una placa y se cayó la chica’. (Hacía mención de esa forma a la desaparición en un profundo barranco de Elena Senin). Encontramos muchas pisadas en el glaciar que nos hace pensar que el guía trató de salvar a la gente. Ahí quemó mucha energía y además debe haber tenido una caída.

-¿Quiénes se quedaron con el guía?

-El auxiliar Diego D’Angelo, dos guías y yo. El resto se dividió. Cada escalador era tomado por cuatro rescatistas. Nosotros hicimos el ascenso con Campanini. Fue durísimo. Empleamos siete horas para hacer 200 metros, en medio de un feroz temporal. Los chicos que me acompañaban no aflojaron, pero estaban sufriendo síntomas de congelamiento.

Campanini no caminaba, se notaba que hacía esfuerzos para sobrevivir, pero estaba muy débil.
D’Angelo lo cargaba de a ratos y si no iba en una improvisada camilla. Hubo, inclusive, un momento dramático en que Federico, sin reacción, casi cae a un acantilado, arrastrando a mi compañero. Poco después ya no pudimos hacer nada, y alrededor de las 20 del jueves, comprobamos que había fallecido.

Fue muy triste, porque tuvimos que dejarlo porque el vendaval que se había desatado nos iba a llevar a nosotros también.

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