Las 5 primeras lecciones del Dakar en Argentina

Lo bueno y lo malo; mitos y realidades del rally más importante del mundo en su paso por el país.

sábado, 10 de enero de 2009
Las 5 primeras lecciones del Dakar en Argentina

El español Carlos Sainz, en su paso por Mendoza.

Télam

Completada la primera parte del Dakar 2009, con siete etapas de Buenos Aires Valparaíso a lo largo de más de 4 mil kilómetros de rutas, caminos de piedras, vados y dunas, el rally nos dejó en su debut en tierras argentinas algunas lecciones básicas.

Los veteranos del Dakar en Africa traían seguramente bien aprendidas estas lecciones y otras más, pero los que recibimos la prueba en Sudamérica por primera vez las deberemos registrar y tener muy en cuenta para mejorar la experiencia, si como todo indica se puede repetir aquí el año próximo. Después de recorrer estas siete etapas como cronistas a bordo de una Touareg Race 2 del equipo oficial Volkswagen, nosotros también aprendimos.

Primera lección: el Dakar no es un rally como el de los de campeonatos mundiales que se corren hace años en Argentina, en especial en Córdoba.

Es un "rally de raid", con mayores dificultades, jornadas más largas y primes o tramos especiales que no duran unas decenas, sino cientos de kilómetros.

No es un latiguillo eso de "la prueba más exigente del mundo". Y tampoco que sea peligrosa, si se cuentan los incidentes graves y menores de varios pilotos.

Segunda lección: el "espíritu Dakar" tampoco es pura leyenda ni una consigna de marketing. Competidores de primer nivel rechazando privilegios, durmiendo en carpas propias y cerca de sus máquinas al igual que el aficionado con menos recursos, y muchos ayudándose entre ellos, es algo habitual. Un ejemplo fuerte: el príncipe qatarí Al Attiyah quedó descalificado del rally porque él mismo reportó a los organizadores que había evitado varios controles para proteger el auto: iba primero y era un gran candidato al triunfo.

Tercera lección: la resistencia de las máquinas, que sufren vuelcos, calentamientos, roturas de piezas y mangueras, golpes en los trenes delanteros y pinchazos, es importante para avanzar, pero lo mismo puede decirse de la resistencia física (eso, sin hablar de la desgracia del motociclista francés Pascal Ferry en La Pampa).

El argentino Pozzo habló de "condición de atleta" y tenía razón.

La disciplina de descanso que se imponen los pilotos en cada noche de campamento habla también de eso, lo mismo que sus rostros cada vez más marcados.

Cuarta lección: a diferencia de otras muchas competencias automovilísticas, incluso si contamos las apasionadas de turismo carretera que todavía disfrutamos en Argentina en circuitos cerrados, en el Dakar el público "juega" más directamente.

El clima que pusieron aficionados y fanáticos desde Buenos Aires, con muy pocos desbordes, le dio un tremendo impulso al ánimo de los pilotos, aficionados o profesionales con gran experiencia. Y en algunos casos un litro de aceite o de combustible, o una indicación a tiempo en un camino desconocido y casi sin huellas permitió a los corredores seguir con vida en el rally y hasta mantener su puesto.

Quinta lección: la organización juega un papel decisivo en este tipo de rally. Hubo ejemplos buenos, como la corrección general del público cuando fue contenido por los dispositivos de seguridad de las autoridades nacionales y provinciales, y que los equipos y los pilotos hayan contado, básicamente, con todo lo que pidió en este debut en Argentina. Pero hubo también ejemplos dolorosos, como la falta de comunicación en el seno de la ASO, la entidad organizadora, para advertir el pedido de ayuda desesperado e inútil del francés Terry.

Sexta lección: acostumbrados al exitismo y a competencias como las de Fórmula 1 o categorías nacionales, cualquiera se puede tentar con valorar sólo a los que van punteros.

Sin embargo, el Dakar y sus terribles exigencias enseñan, como en el ciclismo, que el sólo hecho de completar una etapa es toda una conquista para equipos y pilotos.

Por eso, la primera victoria de un argentino, en cuadriciclo, debe ser realmente festejada.
Y los que lleguen a Buenos Aires el 18 de enero habrán sacado chapa de "gladiadores", sin importar cómo quedaron en las posiciones finales.

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