domingo, 07 de septiembre de 2008Tras unos días de merecido descanso de los Juegos Olímpicos, Pekín volvió ayer a la fiesta con el inicio de los Paralímpicos, una competición en la que se espera que China vuelva a dominar en el medallero pero también que se concientice de una mayor necesidad de atención a sus 83 millones de discapacitados.
La brillante y colorista ceremonia de inauguración, “bella y simple como los cuentos de hadas” en palabras de su creador, el coreógrafo y cineasta Zhang Yimou, comenzó con la misma cuenta atrás de fuegos artificiales que sorprendió en la clausura de los Juegos Olímpicos.
Esta vez, sin embargo, esa cuenta regresiva estuvo acompañada por niños de todo el mundo dando la bienvenida a los Paralímpicos desde la Plaza de Tiananmen.
A continuación, tras la llegada con pompa y boato de la cúpula comunista, se cambió el guión habitual de los recientes Juegos Olímpicos y el desfile de atletas se produjo antes que la parte artística, con grandes vítores para las delegaciones de Reino Unido, Alemania (por sus pancartas en chino), Taiwán, Macao y Hong Kong.
La parte artística de la ceremonia, cargada de pirotecnia, belleza oriental y alegorías a la superación y la integración, tuvo su momento más emocionante cuando Li Yue, una niña de 11 años que perdió su pierna izquierda en el reciente terremoto de Sichuan (12 de mayo), cumplió su sueño de bailar ante 90.000 personas.
Rodeada de bailarines de la prestigiosa Compañía Artística de Discapacitados de China, que para bailar usaron sus brazos en lugar de sus piernas, Li flotó a los ritmos in crescendo del Bolero de Ravel.
Después, el pianista no vidente Yin Yunhuai tocó en el centro del estadio, mientras a su alrededor las estaciones se sucedían (flores de duraznero primaverales, lotos veraniegos, trigo otoñal...), en otro momento de gran impacto estético.
Finalmente, el atleta paralímpico Hou Bin (oro en ‘96, 2000 y 2004) se subió a sí mismo con una soga con poleas hasta lo alto del Estadio del Nido de Pájaros y, visiblemente agotado por el esfuerzo, logró encender el pebetero.