Frente a la crisis mundial la península ibérica muestra dos rostros. En España los títulos de los diarios no son dramáticos ni esperanzadores. Simplemente informan, sin esa tonalidad catastrófica que suele darse en otros países de Europa. La gente no se engaña. Sabe que el Gobierno de José Luis Zapatero le viene escatimando información, ocultó el curso de navegación y negó la gravedad del momento hasta hace poco tiempo.
Ha retraído el consumo, los taxis que suelen oficiar de buenos termómetros de la realidad se quejan. Pero pese a todo el turismo sigue afluyendo aunque ya se ha diluido la temporada alta y los habitantes de los centros urbanos ( los de Madrid y Andalucía, por ejemplo) no dejan de salir casi todos los días de tapas y triunfa una algarabía que no es ficticia.
En Lusitania, en cambio, donde la crisis ha llegado hace tiempo las cosas viran de color. A las 7 y media de la tarde ya no caminan los portugueses por sus calles, casi todos se quejan de la retracción y los comentarios son pesimistas.
En China murieron cuatro bebés y hay 13 mil internados por leche alterada con melamina. Hay 104 que están muy graves. La leche se vendió a otros países de Asia y Africa y han encontrado el producto tóxico en caramelos.
Un coche bomba estalló en las afueras de una oficina militar al norte del país, mató a un brigadier e hirió a 6 personas. Con esta modalidad, es el tercer atentado en menos de un día.