No sé si “el humor”, sin especificar de qué tipo de humor hablamos, es en todas sus manifestaciones una fórmula tan beneficiosa para la labor educativa, como indica el adagio “castigat ridendo mores” (corrige, mediante la risa, las costumbres). Cierto humor refuerza los prejuicios, la estupidez, el conformismo, la estrechez de miras y las ideas preconcebidas.
La dificultad para definir qué es humor -concepto variable según las culturas- puede llevarnos al malentendido. En el humor, como en la poesía, conviven, sin distinciones precisas, lo mejor y lo peor.
Hay un prejuicio instalado como verdad irrefutable, que atribuye a todo poema la encarnación verbal de lo sublime; quien hace humor, por el contrario, debe soportar la presuposición generalizada de que, diga lo que dijere, no está construyendo un discurso respetable, como si la ironía, la hipérbole, la sátira, la paradoja y otros incontables recursos humorísticos pudieran ser reducidos a la jerarquía de un chiste de gallegos, a la fórmula de un “mamá, mamá...” o a la rima de un “ayer pasé por tu casa...”.
Este mismo razonamiento puede inducir, en quien trabaja con el humor, a escudarse en él para eludir el rigor o la seriedad intelectual ante el tema abordado. Pero humor y seriedad no son términos contradictorios.
En todo caso, antes de adjudicarle magia o insolvencia al recurso humorístico, no viene mal indagar quién es el que bromea, por quién toma partido, qué lo emociona, qué lo horroriza, qué lo enternece, qué lo ofende, a qué hechos condesciende, cuáles no perdona y sobre qué libro apoya la mano para jurar.
Teniendo en cuenta el valor relativo del humor y su capacidad intrínseca para crear o distorsionar significaciones, soy tan cauto y tan subjetivo como el almacenero de mi barrio. Cuando su ayudante consulta, en voz alta, el precio de algún producto, éste levanta los ojos y pregunta: “¿para quién es?”.
Los estudiantes se reunieron en el Parque Cívico para empezar a festejar su día con Catupecu Machu, Guasones y bandas locales. Retratos de un día nublado, pero repleto de fiesta.
Historietas o anécdotas son elementos que los docentes pueden usar en sus clases.