Viernes 25 de mayo de 2012 | 06:50 hs
domingo, 21 de septiembre de 2008
Había una vez un periodista que se llamaba Fabián Polosecki que hizo algo que nadie había hecho antes en televisión. El tipo, atildadito y con la mirada hundida, cruzaba los márgenes de la sociedad para charlar con prostitutas, derrotados por el juego, ladrones de poca monta o tarotistas.
Nunca imaginó, Polo, que el género que él acuñó y por el cual ganó mucho prestigio pero mayores deudas, se pondría tan de moda con los años. Claro, él ya no estaría para ver este discurso único de la televisión testimonial de hoy, con tantas versiones deficitarias de sus programas “El otro lado” o “El visitante”. Dejó que un tren le pasara por encima el 3 de diciembre de 1996, cuando sólo tenía 32 años.
Decíamos que este estilo de televisión se puso de moda, pero ya en un tono muy diferente de aquél. Hoy los conductores-periodistas o movileros, tan cancheros ellos, se meten en los barrios bajos para, cual antropólogo del siglo XIX, registrar con cámara al hombro cómo viven los otros, los que la pasan mal, los que no son como uno. No interpelan la realidad; se le ríen en la cara.
Para ver hoy un periodismo como el que disparaba Polosecki (siempre más comprometido que cínico; más dispuesto a escuchar que a meter un chiste pavote), vale la pena descubrir los documentales de Louis Theroux (viernes a la medianoche por I-Sat).
Allí, este ex corresponsal del programa de Michael Moore entierra las patas en el barro, se conecta con los entrevistados, pero también denuncia. Uno de sus mejores trabajos es “La familia más odiada de América”, donde sigue la vida de una secta religiosa conformada por parientes, que tiene la odiosa costumbre de hacer piquetes en funerales de soldados estadounidenses muertos en Irak, para gritar que Dios odia a EEUU por ser “contemplativo” con los gays. Una metáfora del cruce de totalitarismos.
El viernes se emitirá "Bajo el cuchillo", en el que el fanatismo por las cirugías estéticas de California queda tan expuesto, que alcanzan a verse las razones profundas de la necesidad de transformar los rostros y los cuerpos. Theroux tiene cara de bueno, sabe lo que busca y hace algo casi inédito en el periodismo televisivo: pregunta con sinceridad. Por Leonardo Rearte - Jefe de sección Estilo (lrearte@losandes.com.ar)