Alumnos de la escuela Dante Gicollini recibieron los elementos que hicieron los de la Álvarez de Segura. (Roberto Salvadores)
Tocan y ven a través de sus manos, recorren cada centímetro para conocer y aprender. Ellos son los chicos que asisten a la escuela para ciegos y amblíopes "Dante Gicollini", en el departamento de San Rafael y están desbordantes de alegría porque han recibido un regalo muy especial: mapas, láminas del cuerpo humano y hasta un globo terráqueo diseñado especialmente para que ellos puedan utilizarlos como parte de su aprendizaje.
Además, la alegría se comparte con quienes realizaron este material. Ellos son 21 alumnos de la escuela "Mercedes Álvarez de Segura"- 20 chicas y un varón- que trabajaron arduamente para diseñar esta serie de láminas con el fin de ayudar a los chicos no videntes o disminuidos visuales.
Ésta no es la primera vez que los alumnos de la escuela Segura dan ejemplo de solidaridad. Ahora el proyecto por ellas emprendido se denomina "Ayudando a crecer". La iniciativa surgió de los estudiantes de 3º 5ta quienes idearon la forma de contribuir con las necesidades de los chicos. Guiados por la docente Marcela Ravagnan, a cargo de la materia de Proyecto Integrado, se lanzaron a la experiencia de confeccionar los elementos.
"Creíamos que iba a ser fácil, al menos eso nos parecía al principio", contaron a Los Andes Antonella Rivelli (17) y Florencia Olate (18). "Pero cuando empezamos a buscar texturas, a darnos cuenta qué cosas que nos parecían obvias y que veíamos diferentes para los chicos ciegos no lo era, entendimos que era una tarea más compleja y le pusimos muchas ganas porque sabíamos que iban a ser cosas útiles", dijeron.
Para ayudarlos en la tarea se unió a las clases Miguel Ángel Olate (15), que es no vidente, alumno de la escuela Gicollini y hermano de Florencia. Miguel iba a las clases y las guiaba sobre los materiales a utilizar, a la vez que realizaba las referencias de las láminas en Braille.
" Usamos goma eva texturada, telas de distintas tramas por ejemplo afelpadas, rayadas, lisas, parafina, cartulina forrada, radiografías", enumeraron las chicas. Agregaron: "También experimentamos con café, yerba, piedritas pegadas y todo lo que nos sirviera para dar textura y que ésta se notara".
Miguel las escucha hablar y sonríe mientras comparte una merienda con todo el grupo. Mientras trabajaban juntos aprendieron diferentes cosas, como por ejemplo el abecedario en Braille y hasta escribir en las máquinas Perkins, diseñadas para ese sistema, como es el caso de Florencia. "Ahora además de ayudar a la escuela de mi hermano y sus compañeros, voy a poder darle una mano con sus estudios", manifestó.
Pero para llegar a este desenlace, primero los chicos de la escuela Segura realizaron un diagnóstico y decidieron trabajar en este proyecto. "Se hizo todo un análisis de las necesidades y como hay dos alumnas que tienen hermanos en la escuela Gicollini, se escogió trabajar con ellos", contó Ravagnan. Entonces visitaron la escuela para chicos no videntes, se interiorizaron de lo que les hacía falta -como mapas para geografía, un globo terráqueo o la forma de conocer el cuerpo humano y los sistemas que lo conforman- y se pusieron manos a la obra.
El material "es riquísimo por su tamaño, cantidad y calidad. Incluso nos han hecho una caja para guardarlo lo que facilita el uso y el cuidado del material en el tiempo", contó la docente Silvina Estrella. "Es muy bueno no sólo para los chicos ciegos integrados a escuelas comunes sino que es doblemente enriquecedor para los niños con los que comparte el aula, porque es un material visible, para colgar en el pizarrón, que se puede tocar", afirmó.
Para que las personas no videntes "puedan acceder a los conocimientos necesitan un esquema táctil; este material es ideal", concluyó Estrella.
La institución nació en 1933 y quedó abandonada a principios de los '90. Fue escenario de bailes, recitales, obras de teatro y desfiles de moda. También fútbol, domas y carreras de bicicletas en la desaparecida cancha.