Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:16 hs
domingo, 24 de agosto de 2008
Nada mejor que un seguidor apasionado de Les Luthiers para juzgar un estreno. Tras cuarenta años de carrera Les Luthiers tienen devotos que se toman un avión desde latitudes más lejanas sólo para asistir a un debut y rastrear, de forma desesperada, los espectáculos editados, por todo Buenos Aires.
Como groopies que siguen a una banda de rock o a sus líderes religiosos, desde hace siete años un clan fluctuante entre 30 y 70 fans formado por un variopinto grupo de personas de distintas edades, profesiones y costumbres, envían correos electrónicos, arman cadenas de mensajes y bloguean información para juntarse en cada estreno del quinteto.
"Lutherapia" no fue la excepción. Como un ritual, esperan el show con ansiedad, lo disfrutan con mucho placer gritando, sacando fotos y aplaudiendo rabiosamente y después, en un restaurante cercano - fue en este caso la parrilla Nuevo Dory, a tres cuadras del teatro- donde cenaron, brindaron e intercambiaron las más apasionadas opiniones sobre lo que vieron, enriqueciendo por varias latitudes la percepción del espectáculo.
Como una familia que se junta para celebrar un cumpleaños, la reunión tiene mucho de camaradería, crítica constructiva -no podría ser de otro modo- y códigos internos, que sonarían crípticos para quienes no conocen de la A a la Z a Les Luthiers.
En cada juntada, que desde hace tres años cuenta con la presencia del también doctor en química Carlos Núñez Cortés y su familia, se reparte merchandising, se intercambian trivia, analizan cada una de las canciones y juegos escénicos del estreno, chocan las copas y todos festejan como si formaran parte íntima del equipo de producción.
Cortés, por su parte, al llegar al restaurante pasada la medianoche, fue recibido por una ovación y no tardó en quedar rodeado de fans que le trajeron el libro de su autoría: "Los juegos de Mastropiero" para inmortalizarlos con un autógrafo.