Spanair , la segunda mayor aerolínea española detrás de Iberia, fue fundada por el grupo Marsans, el mismo que hasta hace poco ha manejado Aerolíneas Argentinas dejándola con un enorme pasivo.
Ahora sus acciones pertenecen al grupo escandinavo SAS, que intentó revenderla pero luego suspendió la operación. Hasta 2002 voló a Argentina, pero después dijo que perdía dinero y concentró sus rutas en Europa. Fundada en 1986 por los empresarios españoles Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz, propietarios del grupo Marsans, y la empresa Scandinavian Airlines System (SAS). Funcionó en sus inicios como compañía de vuelos chárteres.
En los 90, sin embargo, comenzó a expandirse y a operar vuelos regulares nacionales e internacionales con destino a varias ciudades europeas y algunas del norte de Africa. En 2003, SAS compró el 94,4% de las acciones de la compañía y en junio de 2007 adquirió el 5,1% restante que conservaba Marsans, con lo cual se convirtió en propietaria total de Spanair.
Ese mismo año, la aerolínea comenzó ha registrar enormes pérdidas, principalmente a raíz del elevado precio del petróleo, que se duplicó en el último año, pero también por la caída de la clientela y la creciente competencia con las compañías aéreas que operan en España. SAS decidió entonces poner Spanair en venta y empezó a buscar posibles compradores.
Entre otros, Iberia, British Airways, el fondo portugués Lonsgtock, que está asociado con Gadair, y un grupo de empresarios catalanes mostraron su interés por la compañía, pero las negociaciones con SAS no prosperaron.
También el grupo Marsans intentó recuperar Spanair, pero la operación fracasó porque el precio ofrecido era inferior al que pretendía SAS. Ante la falta de "ofertas atractivas", SAS desistió de vender la aerolínea, cerró el concurso y optó por aplicar el plan de viabilidad para hacer frente al incremento de los costos y "asegurar la continuidad de la compañía".
El mencionado plan, que fue presentado ante el Ministerio de Trabajo español en julio pasado y que busca "ganar eficiencia y rebajar costos", prevé la supresión de 1062 empleados, lo que equivale al despido de aproximadamente un tercio de sus 3800 trabajadores, así como la cancelación de nueve rutas consideradas "no estratégicas" y "no rentables".
Con el fin de ahorrarse más de 100 millones de dólares de gastos, la aerolínea también prevé retirar quince aviones de circulación entre septiembre y noviembre y cerrar cinco de sus siete bases operativas. La sección sindical de pilotos Sepla-Spanair, no obstante, considera que este plan "no garantiza el futuro de la empresa y supone una prolongación del modelo gestor aplicado con tan malos resultados durante los últimos años".
El sindicato también "considera inviable el caos organizativo en el que vive la compañía" y sostiene que el plan sólo servirá para prolongar el problema por más tiempo. Por tal motivo, Sepla había amenazado ayer, horas antes del accidente, con iniciar una huelga, que finalmente no se realizó. En lo que va del año, Spanair, que actualmente ofrece 327 vuelos diarios, perdió 81 millones de dólares.