El destacado antropólogo vino a Mendoza a ofrecer un curso de formación de gestores y promotores culturales que organiza Acción Federal de la Secretaría de Cultura de la Nación, en cogestión con la Secretaría de Cultura de Mendoza. Es un programa que se hace en todo el país, desde hace cuatro años.
Señaló que es muy interesante porque la evaluación del curso es la presentación de un proyecto cultural grupal. Se enseña a hacer ese proyecto durante el curso, más otros contenidos de política cultural.
En entrevista exclusiva con Los Andes, dijo que "es muy gratificante porque Mendoza está pronta a hacer su Congreso Provincial de Cultura y creemos que esto es también un aporte para ofrecer ciertos contenidos a compartir y ciertas herramientas conceptuales operativas que el gestor cultural tiene que conocer".
-Un tema que está todos los días en los medios es el de la inseguridad. Un arma es un objeto cultural. ¿Hay una cultura perversa?
-Yo creo que sí. Esto es consecuencia de una historia de la complejidad de las relaciones. En gran parte, esta incultura de la inseguridad tiene que ver con la intrusión masiva de ciertas drogas, donde se han roto los códigos. Siempre digo que los viejos ladrones no robaban en su barrio, no mataban por matar sino cuando era necesario en ese contexto del delito. Esto ha sido desbordado. Ayer, en Buenos Aires, hubo un caso en que a una señora no le sacaron nada y le dieron un tiro en la nuca. Creo que la solución de esto también es cultural. Hay que generar un sistema de contención, un desarrollo socioeconómico digno que permita que la delincuencia vaya mermando. Es complejo. Tengo un amigo artista, que tenía el taller cerca de una villa, con muy buen vínculo con la gente. Nunca le habían robado nada. Hace unos años, le entró un chico totalmente drogado y le dio un tiro en el esternón. Por suerte, la bala quedó ahí no más. Ese buen vínculo se destruyó cuando entró la droga al barrio, y no es que un chico tome en una fiestita, sino que va más allá del alcohol.
-En el siglo XVI, en París, quemar gatos era una diversión pública a la que asistían el rey y la reina. Hoy, al menos, esta barbarie se condena. De todos modos, la violencia es inherente al ser humano. ¿Qué puede hacer la cultura?
-Reculturalizar. Reeducar. Cultura y educación van de la mano, como dos caras de la misma moneda, ya que la educación coadyuva a reproducir una forma de vida, sea digna o indigna, perversa o no, pero la clave de la educación está en eso. Hay que hacer campañas profundas y continuas respetando los códigos de la gente. Las campañas que se hacen en Buenos Aires con respecto del SIDA, por ejemplo, no son efectivas porque no hay contención simbólica afectiva de la gente. Informan, dan el preservativo y se van. Hay que recomponer el tejido social que está roto. En estos momentos, la cultura tiene que cumplir un fuerte rol de inclusión social y generación de nuevos espacios de encuentro y creatividad.
-En una entrevista a Marcos Aguinis, me dijo que sin el sentimiento de culpa seríamos peores. ¿Qué hacer para disminuir la impunidad?
-Está todo relacionado. La inseguridad tiene que ver con la impunidad, justamente. El tema es cómo generamos un tipo de seguridad existencial. No es solamente comer bien. Hay que tener en cuenta estas cosas perversas, como decía usted, de los reyes asistiendo a un espectáculo degradante. Tiene que ver, también, con ciertos jóvenes y no jóvenes de las clases muy acomodadas, que han generado casos como el de Soledad en Catamarca, los crímenes en los countries y las picadas, que es una falta de respeto por la vida humana. Son nuevos "cortesanos" que siguen con estas viejas perversiones.
-¿Cómo ve el accionar, en general, de la prensa, con respecto de la inseguridad?
-Son empresas comerciales y hay que vender pero, dentro de todo, comparando con otras épocas, con diarios sensacionalistas, creo que ahora está mejor encarado. En los medios televisivos de cable, hay algunos especialistas que los tratan muy bien. La responsabilidad de la prensa con respecto de la inseguridad, es fundamental. Es necesario que se ejerza y que se automida en cómo se difunde y cómo colaborar en revertir la situación. Estamos todos involucrados. Cada cual desde lo que hace, debe incidir, porque es una cultura para la vida.
-La gente escinde el comportamiento y la urbanidad del concepto cultura, como la educación vial, por ejemplo.
-Tengo una concepción que entiende por cultura, una forma integral de vida, creada histórica y socialmente por una comunidad a partir de su particular manera de relacionarse con la naturaleza y sus vecinos, las otras comunidades y lo que vive y califica como sagrado, para dar continuidad y sentido a la totalidad de la existencia. Esta es la concepción amplia, socio-antropológica. Uno, de ahí, puede decir que lo cultural sería la producción simbólica, pero también me permite adjetivar la cultura. Por ejemplo, me parece muy buena la campaña que está haciendo la AFIP, con respecto a una nueva cultura tributaria. Los accidentes de tránsito son un problema cultural en el sentido de que no han sido cultivadas ciertas reglas y previsiones.
-El hombre de la calle no tiene claro qué es cultura. Siente que es algo que no lo toca, o a lo que no llega y confunde con el arte, entre comillas, elitista. ¿Cómo se puede cambiar esto?
-Hace mucho tiempo que estamos intentándolo. Tengo un libro de 1985, "Cultura, creación del pueblo", donde ya trabajamos estos temas. Esta concepción elitista se gesta, históricamente, hacia el Renacimiento y luego se afianza con el Siglo de las Luces. El problema es que hoy está incorporado en la gente, que considera que cultura es el cultivo de ciertas artes, ciencias y letras elitistas, académicas, serias, que por supuesto que son cultura, pero esta concepción restringida deja afuera el sentido antropológico, que considera a la cultura como una forma integral de vida, donde todos somos cultos y donde hay muchas formas de expresar esas formas culturales, simbólicas.
-¿Ayuda, por ejemplo, llevar el teatro a los barrios conflictivos?
-No solamente llevarlo, sino que se produzca en el barrio. En Buenos Aires hay dos ejemplos muy importantes. Uno 'Catalinas Sur', en La Boca, que es comunitario, que comenzó, en la plaza, en la época de la dictadura y han desarrollado una experiencia de teatro que es ejemplar. Ya tiene su galpón y su producción, con talleres y ofertas para chicos. El otro, 'Los Calandracas', en Barracas, también. Se toma al arte como vehículo de inclusión. No se busca formar artistas, sino que la gente participe, se exprese y cree cosas. Esto es inclusión. Suelo decir que el chiquito que mató compañeros en el aula en Carmen de Patagones, Si hubiera estado en un taller de teatro, de expresión, ocupado, no hubiera hecho eso.
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