Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:22 hs
El actor chileno, que se prepara para debutar en el cine argentino, habla de su vida en nuestro país, de su relación con Juana Viale y de los planes de matrimonio para coronar la felicidad por el nacimiento de Silvestre, el primer hijo de la pareja.
miércoles, 30 de julio de 2008
Hace tres años, cuando el chileno Gonzalo Valenzuela (30) ya era reconocidísimo en su tierra, se animó a cruzar la cordillera y probar suerte en la Argentina. Aunque, claro, no se imaginaba qué lo esperaba en estos pagos.
Se le abrieron las puertas de la televisión (arrancó con “Doble vida”), y también las del corazón de Juana Viale, con quien este año, al llegar Silvestre, plantaron bandera de familia.
Ahora, con planes de establecerse un tiempo en nuestro país, pone un pie en el cine nacional con un protagónico: está filmando “Nunca estuviste tan adorable”, basada en la obra teatral de Javier Daulte. Pero este es sólo uno de los muchos planes en puerta.
-¿Habías visto la obra?
-Sí, hace tres años. Y me encantó. Yo seguí mucho el trabajo de Javier. De hecho, montamos uno de sus textos, “Criminal”, en el Centro Cultural Mori, de Santiago (del que es dueño junto a otro chileno, Benjamín Vicuña, el marido de Carolina Pampita Ardohaín).
-¿Cómo es tu personaje en la película?
-Soy un extranjero, de una clase social alta, que viene a revolucionar a una familia muy particular. Arranca muy canchero y se vuelve un ser pasivo. En algún punto, la familia se lo come. Termina convirtiéndose en un tipo sumiso, que cree que la mujer que tiene merece algo mejor. Esta es la primera vez que me dirige una actriz (Mausi Martínez) y es bien agradable.
-Pero seguís instalado en Chile. ¿Cómo te dividís?
-Nos organizamos. Juana aprovechó para trabajar acá (en “Por amor a vos”). Pero estamos instalados en Santiago. En setiembre vamos a Brasil porque ella va a protagonizar una película y después nos arraigaremos acá un tiempo.
-¿Por algo en especial?
-Mauricio (Catarain, su representante) está manejándome varias posibilidades de trabajo, aunque no hay nada cerrado. “Por otra parte, con Benjamín (Vicuña) tenemos los derechos para la puesta teatral de ‘La celebración’, que es maravillosa. Producir en la Argentina no es especialmente lo que me interesa, sólo tenemos los derechos. Un poco manejamos el cuento, pero allá. Aquí hay que ir de a poquitito”.
-¿Por qué viniste a la Argentina?
-Porque me llamaron para “Doble vida”. Y me sentía con la energía para hacerlo. Creo que tuve muy buena suerte por los amigos, la gente con la que me tocó trabajar y la familia que me ha acogido. Acá me dieron mucho cariño. Y, por supuesto, tantos años viviendo con mi mujer argentina, alguna cosa se me pegó, como tomar mate.
-¿Cómo empezaste con la actuación?
-Mi hermano mayor era actor y, a través de él, me acerqué a esta profesión. El había formado una familia con amigos a los que los unía las ganas de crear. Vivían juntos en una casa y creaban todo el día. Me enamoré de ese mundo, así que a los 12 años empecé a estudiar teatro. Justo cuando salí del colegio, mi hermano tuvo un accidente y murió. Entonces, mamá no quería que siguiera sus pasos porque le traía recuerdos. Así fue que estudié comunicación audiovisual, una manera de aprovechar mi afición a los documentales. Pero se hizo insoportable: me veía trabajando en todos los cortos. Mientras, era barman y, sin contarlo, casi en secreto, estudiaba teatro. A mamá la convidé a verme recién a una muestra de fin de año. Cuando salió, entre lágrimas, me alentó a seguir. Entré a la escuela de Fernando González y a los dos años ya estaba haciendo teatro profesional.
-¿Y tu papá?
-La familia de papá era muy tradicional, del Club de Golf Los Leones, que acá sería algo así como el Jockey Club. Eran todos abogados, ingenieros... Mi papá no lo podía creer...
-¿Cuáles fueron tus primeros pasos?
-Hice un reemplazo en “Miss Patria”, una obra que montó una amiga de mi hermano (Moira Miller). Después llegó “Sinvergüenza” y fue todo un planteo. En la escuela de Fernando Gómez no estaba bien visto el teatro comercial. Pero el elenco era de consagrados. Se lo conté e Fernando y me dijo: “Prueba”. La obra fue un suceso.
-¿Y la tele?
-Willy Semler nos convenció a mí y a Benjamín para “Piel canela”. El era protagonista y yo antagonista. No la vio nadie (se ríe). Después me dediqué a la danza contemporánea. José Luis Vidal me invitó a participar en una obra para la que convocó a seis actores con la idea de trabajar un año y montar una coreografía. Armamos una compañía y bailamos tres años. De ahí pasé al teatro La Dramaturgia Corporal. Nos entrenábamos seis horas diarias y me conecté con la acrobacia. Ahí fue todo el cuento familiar...
-¿Qué pasó?
-Mis viejos murieron de cáncer al mismo tiempo. Me fui a Europa a poner la cabeza en otro lado. Allá conocí muchos artistas y me dieron ganas de montar algo callejero. Con un amigo armamos un espectáculo para llevar a Europa. Con el pasaje comprado fui a Canal 13 a buscar un pantalón y me ofrecieron contratarnos para la telenovela “Machos”. Y llegó el fenómeno mediático.
-¿Qué te pasa con eso?
-Me siento agradecido. Que el trabajo que amás sea tan reconocido me parece bárbaro. Es lo que todos queremos que nos pase. Pero, en Chile, recién ahora hay programas de ésos que te hunden o te levantan en dos minutos. No había ni chimentos ni opinólogos.
-Y cuando llegaste acá, justo empezaste a salir con Juana...
-Vine a trabajar y me fue muy bien. Sacando a Pato Contreras, era el primer actor chileno que venía a protagonizar. Mi energía estaba puesta en mostrar que venía a trabajar seriamente. Después, por lo demás (chimentos y esas cosas), respeto pero no los leo. Me concentro, por ejemplo, en buscar películas independientes que me aporten a la actuación.
-O sea que no te motiva la plata.
-Yo seguí haciendo tiras y comerciales con un objetivo claro: abrir con Benjamín el centro cultural. Nadie nos ayudó. Lo que ganamos se lo devolvimos al teatro. Partimos con una sala, pero hoy es un centro cultural, hay 60 personas trabajando. Funciona un restaurante, una galería de arte, tenemos la agencia de comunicaciones, un centro de eventos, nuestra productora. Ahora, asociados con Rosstoc, vamos a hacer “Humanos en el camino”, para Chile Visión. No son entrevistas sino documentales.
-Vos lo vas a conducir, ¿no?
-Sí. Es un desafío. La tele no sólo tiene que entretener sino aportar algo. Chile Visión dejó al Centro Mori a cargo de su área cultural.
-Mientras, debutaste como papá. ¿Cómo está Silvestre?
-(Se le ilumina la cara) Luchó un montón mi chiquitito. Y Juana también. Está precioso, es un regalito, lleva una calma divina. Se me cae la baba y soy el zonzo de mi casa, no quiero salir más.
-Fue un embarazo complicado...
-Sí. A los cuatro meses, Juana quedó internada. Fue muy angustiante porque nunca tuvimos certeza de qué iba a pasar. Y Juana nos sorprendió a todos. Además de luchar, tiene una calma y una sabiduría increíbles. Tenía fe. Y todo resultó como ella decía. En un momento nos habían planteado la posibilidad de un aborto. Juana nos tranquilizó y se internó. Fue duro. Yo tampoco tengo mucha familia y aunque la familia de Juana iba y venía para Chile, estábamos muy solitos. Yo trabajaba y me ocupaba a la vez de Ámbar (la hija de Juana y Juan de Benedictis). Hoy día ya es una anécdota.
-¿Es cierto que se van a casar?
-(Se ríe) Siempre están los planes. Es lindo casarse. Ya somos familia, pero la ceremonia y la fiesta son lindas, ¿por qué no?
-¿Pero hay un plan concreto?
-Existe el plan. Sería la celebración de todo lo que pasamos. Lucila Olivera (CC)