jueves, 03 de julio de 2008
Solo si por algún hecho mágico los colombianos hubiesen aprobado ayer la reforma constitucional que le permitiría buscar el tercer mando presidencial consecutivo, podría haber sido este un día de mayor fortuna para Alvaro Uribe. Sus tropas liberaron, sin negociaciones ni buenos oficios de terceros, a Betancourt, la rehén más notoria entre las casi 3.000 que, dice Bogotá, tienen en su poder las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Y sucedió en el día en que tenía como huésped a uno de los dos candidatos estadounidenses a la Presidencia, el republicano John McCain. Casi pareció un escenario elaborado de antemano, como escenografía: McCain llegó de la mano de Charles Black, ahora su asesor y antes un lobbista que hizo una pequeña fortuna operando a favor de los intereses de las empresas extranjeras que operan en Colombia y del propio Estado colombiano.
McCain es el único candidato que apoya la continuidad de la asistencia de su país a Colombia -estimada en más de 2.000 millones de dólares- y aprueba lo hecho por Uribe en materia de lucha contra el narcotráfico, aunque en forma reciente la Organización de las Naciones Unidas informara que Perú, Colombia y Bolivia habían aumentado sus áreas de cultivo de coca un 16%. El de Colombia, con 27 por ciento, es el mayor incremento.
Hace casi una década EEUU implementó un programa especial de ayuda –bautizado “plan Colombia” y estimado entonces en 1.300 millones de dólares- con el compromiso colombiano de reducir a la mitad el área sembrada en 5 años.
La asistencia no sirvió en materia de narcotráfico pero en cambio parece haber dado buenos resultados en la confrontación del ejército colombiano contra los dos grupos guerrilleros del país (el Ejército de Liberación Nacional que está negociando con el gobierno y las FARC). Casi toda la asistencia del Plan Colombia fue a las instituciones armadas.
La muestra más evidente es esta liberación de Betancourt que tiende a reforzar la visión que Uribe tiene de este problema. Uribe articuló dos mandatos presidenciales consecutivos sobre la base de afirmar que sólo un triunfo militar sobre los rebeldes podría abrir la puerta a la pacificación del país luego de décadas de sangría.
En enero pasado Uribe atravesó un instante complicado, cuando las FARC liberaron dos rehenes atribuyendo el gesto a la acción mediadora del presidente Hugo Chávez. Pero lo sucedido ayer deja atrás aquella acción estelar del venezolano.
En los últimos meses las FARC han recibido serios golpes –la muerte de tres de los siete miembros del secretariado- y deserciones. Y hasta Chávez cambió su visión histórica de las FARC pidiéndole a sus miembros –a los que antes llamaba compañeros de lucha- que abandonen un combate armado que se ha vuelto una vía inútil en estos tiempos. CC Por Oscar Raúl Cardoso - Especial para Los Andes