Enfrentan los mismos miedos y padecen síntomas, incluso físicos. Piensan en las futuras consecuencias y suelen cargar con una culpa aún mayor.
Como les sucede a las chicas adolescentes, los varones que van a ser papás son conscientes de que su vida dará un gran giro.
A veces la huida es la primera reacción, pero en la mayoría de los casos es el contexto familiar el que deja al muchacho al margen de toda decisión.
Ser padre antes de los 20 años es una experiencia difícil de sobrellevar, pero no imposible.
Algo que repiten todos los especialistas es que son los adolescentes -con sus limitaciones- los que deben criar al niño.
Contra el pronóstico de todos sus allegados, a los 16 años, Carlos decidió hacerse cargo del bebé que venía en camino y tamaña determinación llenó de felicidad su vida.
No se casó, pero desde entonces trabaja para que al pequeño no le falte nada. Ahora tiene 28 años y su hijo 12. Ambos supieron construir una relación filial envidiable.
El problema es cuando el contexto empuja al papá novato a evadir esa responsabilidad. “En líneas generales, el aborto no es la primera idea que baraja la pareja adolescente”, asegura Amalia de Motta, titular del programa provincial de Salud Reproductiva.
Ni “tuviste un hijo, hacete cargo” ni “seguí siendo adolescente que del bebé me ocupo yo”. Los abuelos deben dejar que los papás decidan, mientras que a ellos les corresponde acompañar y contener, sin presionar.
Hasta allí lo que dicen los libros, pero algo muy distinto sucede en la realidad. La cigüeña que aparece a esa edad alborota a todo el contexto familiar, sobre todo al de la chica y es muy común que los abuelos se calcen el rol de papás. Es así que el nuevo papá termina ‘operado’ por dos familias.
Por su experiencia al frente del Consultorio de Adolescencia del Hospital Central, De Motta sostiene -siempre generalizando- que la familia de la chica que no considera solvente económicamente al joven, actúa como elemento expulsivo.
Además, si no conciben la idea de su hija encarando un embarazo, aconsejarán interrumpirlo.
Mientras tanto, los padres de él “son los que más al margen se mantienen o directamente apoyan el aborto”, apunta la funcionaria.
A veces estas situaciones son emergentes de conflictos familiares. “En general, los adolescentes están muy desprotegidos frente a una sociedad que alienta estas conductas de erotismo y satisfacción sexual, pero no les brinda un soporte educativo. Los adultos suelen reaccionar con castigos, cuando deben aceptar que, en su momento, no mantuvieron el diálogo necesario con sus hijos”, destaca Alejandrina Román de Giro, psicóloga y educadora sexual.
Si bien con el tiempo el bebé sabrá cómo convertirse en una causa de alegría y orgullo, “cada joven necesita de tiempos distintos para asimilar lo que le está pasando”, apunta la terapeuta Dina Federman.
En su consultorio, presenció la alegría de un señor que a los 42 años reconoció a su hijo de 22 y fue una enfermedad del joven la que lo movilizó a auxiliarlo.
Federman, quien también es abogada y mediadora familiar, reflexionó: “Lo que el papá adolescente debe descubrir es que la criatura le está regalando la posibilidad de trascendencia”.
Sorpresa y miedo
La sensación de miedo es lo primero que experimenta el hombre ante la noticia, pero puede llegar incluso a somatizar esos sentimientos.
Al Consultorio de Adolescencia llegan -por ejemplo- con trastornos gastrointestinales o tras haber sufrido accidentes laborales o en la vía pública.
“El aceptar la paternidad los coloca en una situación de vulnerabilidad”, explica la titular de Salud Reproductiva, Amalia de Motta.
La culpa es otro factor de presión. “Los varones suelen sentir más culpa que las chicas, porque se sienten más responsables de no haberse cuidado en el momento de la relación. Es bueno que haya más culpa, porque eso ayuda a que no sean tan abandónicos”, refiere Federman.
La especialista sostiene que, lamentablemente, el abandono emocional es más común que el económico, aunque a veces es la chica la que borra al muchacho de la situación. Para el hombre la salida económica es la primera preocupación y, en muchos casos, ellos dejan los estudios para empezar a trabajar.
Por el bienestar del niño que crece, es importante el buen diálogo de los papás adolescentes para asegurar una buena relación, aunque ésta no tenga por qué derivar en matrimonio.
“Hace 20 años la culpa se tapaba con el casamiento. Hoy está más permitido compartir la crianza sin convivir. Incluso hay embarazos de chicos que apenas si han empezado a salir”, apuntó la abogada.