A primera hora de la tarde, vendedores y compradores de automóviles se reúnen a un costado de la Ruta Nacional 7, a la altura de Rodeo de la Cruz.(Foto:Andrés Larrovere)
Si no fuera porque los vehículos tienen botellas sobre el techo, podría creerse que se trata de cualquier domingo en familia al aire libre, ya que en los pequeños grupos sentados en sillas o sobre una manta en el suelo hay mate, pelotas de fútbol y hasta tejidos.
Pero el movimiento de personas que observan y consultan revela que se trata de una feria de venta de autos, que se creó en la lateral sur del Acceso Este, en las cercanías del Mercado del Usado, y va creciendo cada semana.
Fermín Mercado y su esposa Ester llegan casi todos los domingos después de almorzar al pequeño espacio verde frente a la estación de servicio, e intentan vender autos.
"Los compro a particulares y los transfiero a mi nombre, para que no haya problemas. Me gustaría que todos hicieran lo mismo", plantea este hombre que trabaja en una bodega y se dedica a la venta como un ingreso adicional.
Pero además, con sus 60 años, plantea que le hubiera gustado descubrir esta vocación cuando era joven porque sostiene que le encanta ser vendedor, aunque a veces haya que armarse de paciencia con los potenciales clientes.
A su lado, Ester teje crochet sentada en un banquito y explica que llevan casados 37 años y siempre se acompañan uno al otro.
Un poco más allá, Liliana Bartolaccini cuenta que antes la familia solía ir los domingos a los paseos laterales del Acceso Este, cerca del Puente de Hierro, pero que hace un año y medio, cuando descubrieron la feria de venta de autos, cambiaron el lugar para pasar la tarde.
Así, suelen ir cada fin de semana e intentan conseguir un sitio disponible cerca del césped. "El domingo pasado vinieron sólo los hombres, pero esta vez vinimos mi esposo, los chicos y la nuera. A veces también se suma mi hija con el yerno", indica y señala que el más pequeño de sus hijos se llevó la pelota para jugar al fútbol.
Picnic en torno a los autos
Lo particular de la escena es que las rondas de mates y el momento familiar compartido se desarrollan en torno al vehículo que cada uno ofrece, y el encargado de mostrar las bondades del rodado en venta debe abandonar cada tanto la charla para responder las preguntas de los interesados.
La mayoría de los vendedores de autos llega a partir de las 14 y los dejan estacionados cerca de la calle que conduce al Mercado del Usado.
Pero a medida que transcurre la tarde, la línea se va extendiendo hacia el este y ocupa no sólo los dos costados de la lateral, sino también la banquina del Acceso.
Y en la angosta franja libre entre estos autos detenidos, circulan en ambas direcciones otros de los que llegan al lugar para conocer la oferta y también hay numerosos peatones que recorren los 300 metros de extensión, preguntando por lo que les interesa.
Entre los que van a pie se encuentran Gladys Marcet, su esposo y su hija Natalia. La mujer comenta que viven en Maipú y hace tiempo pasaron, vieron los autos estacionados y decidieron acercarse. Desde entonces, muchos domingos concurren al lugar para comprar fruta y verdura en la feria del Acceso Este, directamente a los productores, así como herramientas y ropa.
"Se consigue de todo: antigüedades, artesanías, calzado, repuestos y hasta tarjetas de plomeros, herreros, electricistas", detalla Gladys y añade que tiene siete hijos y allí encuentra útiles e indumentaria deportiva a muy buen precio.
Por su parte, Natalia destaca que los días fríos suelen comprar café con churros. Mientras, el padre se ha alejado para ver si puede permutar su camioneta por otro vehículo.
En crecimiento
Quienes concurren a esta feria de autos usados desde hace un par de años coinciden en que la cantidad de vehículos ha ido creciendo.
De hecho, Juan Reinoso cuenta, mientras su cuñado pasa un pequeño lampazo sobre su rodado, que es la primera vez que asisten, por recomendación de unos amigos. "Nunca me imaginé que iba a haber tanta afluencia de gente y tantas cosas en venta", indicó.
Otros "debutantes" eran Daniel Lescano y su esposa Inés, que decidieron redoblar la apuesta para vender su auto: publicaron un aviso, prepararon el mate y se fueron a pasar la tarde del domingo en la lateral, "hasta que empiece a refrescar".
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