Hugo Ariel “Pajarito” Hernández: Le decían “El cuchillero”

Fue uno de los grandes púgiles mendocinos -por adopción- en el plano nacional durante la década del ‘80. Fue campeón de los welter junior.

Felix Suárez - Especial para Más Deportes
miércoles, 02 de julio de 2008

Bahiense de nacimiento (10-04-60), mendocino por adopción, Hugo Ariel Pajarito Hernández (48 años, casado, 2 hijas mujeres -Mariana, Romina- y 1 hijo varón -Ariel Diego-), fue una de las figuras más notables del boxeo nacional en la década del 80, cuando alcanzó el título de campeón argentino de la división welter junior (63,500 kgs.).

Con un gran récord como amateur, 120 combates: 96 victorias, 20 empates, 4 derrotas. Mientras que como profesional sumó 83 peleas: 74 triunfos, 47 por nocaut, l empate, 1 sin decisión y 7 derrotas.

Hijo de padre chileno y madre argentina, radicados primero en Bahía Blanca (donde nació Pajarito) y luego en la localidad de Ñireco, en San Carlos de Bariloche, (donde empezó a practicar boxeo a muy corta edad.

Entre los 5 y los 6 años de edad concurría al gimnasio para superar una grave dolencia física), fue el segundo de cuatro hermanos: Héctor (Yeye),- que también llegó a ser campeón argentino-, Hugo Ariel (Pajarito), Hernán (Nanán)- con más de 100 combates, sólo como aficionado- y Fabio (Yito), que hizo apenas 10 peleas y se retiró.

La campaña de Pajarito resultó una muestra permanente de concentración, frialdad, velocidad, potencia y gran riqueza técnica.
 
Se lo recuerda en las horas previas de alguna pelea en el lobby del hotel Plaza Roma, en la Capital Federal, donde se alojaba habitualmente: serio, reflexivo, pensativo, quizás tenso.

Sólo después, cuando el objetivo se había cumplido, -ya relajado- recuperaba su buen ánimo y sonrisa normal. Entonces saludaba y conversaba complacido.

Reinó en una época de excelentes valores en su categoría, entre ellos Uby Sacco, quien se resistía a enfrentarlo -se enfrentaron como con una victoria para cada uno- y reconocía que: “Pajarito pega como un animal”.
 
Tiempos en el que además se destacaban Hugo Alejandro Luero, Eduardo Benevent, Adolfo Arce Rossi, Lorenzo García y Juan Martín “Latigo” Coggi. Justamente, éste último fue quien lo destronó aquella noche del 25 de octubre de 1986, en el Luna Park, cuando lo derrotó por nocaut en el tercer round y le arrebató el título argentino.

Derrota que lo privó de la posibilidad de desafiar al entonces campeón mundial, el italiano Patrizio Oliva. Chance para la cual Hernández había hecho méritos más que suficientes.

Además del tierno apodo de Pajarito también le decían “El Cuchillero”, porque los nudillos de sus puños al cerrarse eran extremadamente filosos, como si escondiera algún elemento cortante en los guantes.

Por lo general llegaba con envíos muy precisos y cuando encontraba el blanco ideal lastimaba y dejaba marcas en el rostro del ocasional adversario. Incluso aparecían rastros de sangre cuando impactaba con violencia en la nariz de su rival.

“No pega, acuchilla”, escribió alguna vez el periodista Carlos Irusta en las páginas de El Gráfico, cuando trataba de explicar lo que era Hugo Ariel arriba del ring. El mismo Irusta refería en otro comentario: “¿Pajarito? No, ave de Rapiña”.

Desde el mes de enero, y luego de casi 5 años, porque se había radicado provisoriamente en San Carlos de Bariloche, aquel Cuchillero de los ‘80 ha regresado nuevamente a Mendoza, su provincia adoptiva, a la que arribó por primera vez allá por 1980, con apenas 2 peleas como profesional, cuando se puso bajo las órdenes del profesor Héctor Mora - aquel recordado ex campeón argentino de los mediano- su maestro en el Gimnasio Mario “Cirujano” Ortíz, del Barrio Infanta, de Las Heras, en aquellos tiempos.

Cuenta Pajarito: “De chico era muy pequeño, muy frágil, muy delgadito. Hasta el viento me volteaba en Bariloche y como se me paraba el pelo y parecía ‘el pajaro loco’, me quedó el apodo de Pajarito. Por ese mismo aspecto otros chicos me habían puesto “Fosforito”. Por esa época, a raíz de una desviación de columna, tenía una pierna más corta que la otra y estuve 2 años enyesado de la cintura para abajo. A veces me tenía que poner un palo de escoba entre las piernas para evitar que rozaran mis rodillas, lo que me producía un gran dolor”.

Después agrega: “Héctor, mi hermano mayor, había empezado a boxear y yo iba siempre a verlo entrenar. Un día mi papá me ayudó con sus consejos: “Pajarito, en el gimnasio haga como Yeye. Trabaje sus piernas, practique mucha gimnasia, eso lo va a ayudar a ponerse bien”.
 
Así desaparecieron aquellas viejas secuelas de su dolencia infantil y que con el tiempo lo transformaron en un excelente deportista.

Su arribo a Mendoza, cuando había cumplido los 20 años, es también motivo de recuerdo: “Cuando llegué no conocía absolutamente a nadie. Vine porque quería mejorar mi defensa y en Bariloche me habían hablado de don Paco Bermúdez; pero la primer persona con quién me senté a tomar un café fue con el profesor Héctor Mora. Jamás tuvimos "diferencias", nos respetábamos tanto que siempre nos tratábamos de usted: "Señor Hernández", "Señor Mora". Lo llevo en mi memoria con un profundo agradecimiento porque resultó muy valioso en mi carrera".

Su debut en el Luna Park se había producido en agosto de 1983, cuando demolió por kot a Hugo Alejandro Luero, en el tercer round.

Once triunfos consecutivos por la vía rápida, con la particularidad de que en todas esas peleas les produjo cortes a sus rivales, lo llevaron a enfrentar en octubre de 1984 al norteamericano Kevin Austin, que cayó de rodillas por demolición en el tercero.

Sin embargo, una dura caída ante el mexicano René Arredondo, por kot en el cuarto asalto, el 23 de agosto de 1985, en el imponente Los Angeles Sport Arenas, de Los Angeles,Estados Unidos, frustró sus posibilidades de desafiar al entonces rey de la categoría, Bill Costello.

Esa derrota con Arredondo, en la que perdió el invicto luego de 44 peleas, y el posterior traspié frente a Coggi en el 86, resultaron las más duras y determinantes de su trayectoria, porque se produjeron cuando estaba a las puertas del título mundial.

Tras una inactividad de 5 meses reapareció en el Luna Park el 4 de abril de 1987 donde venció a Eduardo Benevent, por puntos, a quién volvió a superar en junio de ese mismo año, pero por paliza (abandonó en el segundo).

Por esos años repitió siempre: "Lo de Coggi quedó atrás" y esperó en vano una nueva oportunidad, que nunca llegó, pese a los esfuerzos de Tito Lectoure por ubicarlo nuevamente en Europa.

Su última pelea fue en 1992, en Catamarca, cuando aquel zurdo ganador, fuerte pegador, que cortaba a sus rivales, había finalizado su largo camino.

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