Cría Cuervos...

No todas son diferencias entre Néstor Kirchner y los representantes del campo. Muchas veces los campesinos, rebelados, usan armas kirchneristas en contra del propio kirchnerismo. Veamos cuáles y por qué.

domingo, 13 de julio de 2008
Cría Cuervos...

Por Carlos La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

Los Andes: Usted enunció la discutible tesis que hay que sustituir la institucionalidad de los '90 por otra nueva. Pero si cada gobierno trae su propia institucionalidad, a la postre no tendremos ninguna.

Eric Calcagno: Está claro que no podemos vivir sin instituciones. Ahora bien ¿qué instituciones tenemos hoy?, ¿cuántas hay que cambiar? De repente hay un montón de ellas que hay que empezar a reinstitucionalizar de otro modo. Porque si mantenemos las mismas instituciones, cuando pase el tiempo se volverá a hacer lo mismo que antes.

Los Andes: Pero usted admitirá que si de lo que se trata es de cambiar el Pacto de Olivos por decretos de necesidad y urgencia o por superpoderes, el mejoramiento institucional es al menos discutible...

Eric Calcagno: Bueno, en cierto modo es discutible. De todos modos privilegio el resultado.
Entrevista a Eric Calcagno 10-9-2006.

El citado Calcagno, hoy senador nacional, no es un oportunista sino un kirchnerista ideológico, que cree que hay que cambiar las instituciones liberal-burguesas por otras de cuño progresista. No sabe bien cómo o cuáles serían pero sí que hay que “desinstitucionalizar” la República liberal, aún con superpoderes. Calcagno “privilegia el resultado”. O sea, el fondo sobre la forma. El contenido sobre las instituciones.

La izquierda kirchnerista

El “relato” kirchnerista de izquierdas siempre atacó las formas liberales proponiendo, en un primer período, la concentración del poder en el Ejecutivo.
 
No se trata -dicen- de estar en contra del federalismo o de la división de poderes, sino que en tanto gobernadores y legisladores no tengan el mismo espíritu “transformador” que Kirchner, conviene que los poderes los concentre él. No es por una cuestión centralista sino un problema ideológico, dicen los ideólogos.

Nunca gustó a los kirchneristas puros el artículo de la Constitución Nacional que dice que el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes porque, dicen, expresa la limitada democracia liberal burguesa donde el pueblo vota y nada más. Ellos proponen cambiar la democracia representativa por la participativa.

A los peronistas clásicos la palabra “populismo” siempre les sonó mal porque ellos se sienten populares, no populistas. En cambio, los intelectuales K se proclaman con orgullo “populistas”, porque es su forma de decir que aún no son socialistas pero que ya son algo más que burgueses. El peronista clásico cree que ser popular es el medio y el fin. El intelectual K piensa que el populismo es la vía al socialismo superador del capitalismo.

Para el kirchnerismo, el centro del poder actual son los medios de comunicación pero en sentido negativo, ya que son lavadores de cerebros. Por eso, proponen cooptar periodistas para la causa, comprar medios y ver cualquier disidencia mediática como obra del enemigo. Quien controla los medios controla el país, suponen. Profesa Kirchner una especie de berlusconismo de izquierda.

Para los ideólogos K, tolerar piquetes con cortes de ruta de desocupados es una reivindicación popular frente a los años de represión, un avance en la lucha emancipatoria de los pobres. Tolerar piquetes de universitarios que toman rectorados es parte de la alianza pueblo-estudiantes. Y tolerar piquetes que cierran rutas internacionales es luchar a favor del ecologismo.

He aquí los conceptos con los que el kirchnerismo más ideologizado -pero a la vez menos oportunista- intentó influir en las decisiones políticas para cambiar la República liberal democrática por algo diferente. El modo argentino de repetir el socialismo del siglo XXI que proclama Chávez.

De cómo Kirchner usó a su izquierda

No se sabe hasta qué punto Kirchner compró estas ideas, pero cada vez que tomaba una decisión indefendible desde el punto de vista republicano (manejar los recursos provinciales arbitrariamente, politizar el Consejo de la Magistratura, limitar el poder del Congreso, privilegiar subsidios para sus amigos “capitalistas nacionales”) la justificó con esos argumentos de la izquierda K contra la República liberal.

La oposición institucionalista

Como modo de oponerse a Kirchner, la oposición se volvió un dechado de virtudes republicanas. Todos defendían las instituciones avasalladas. Y para los K, esos opositores eran formalistas hipócritas, menemistas o simpatizantes de los viejos “republicanos” que defendían los golpes de Estado.

En esos términos el debate se desarrolló hasta marzo. La revolución “progre” no se veía, pero la desinstitucionalización avanzaba, sin que a nadie pareciera importarle el desprecio por la República.

El populismo agrario

Hasta que todo cambió de repente, cuando un sector social no dependiente política ni ideológicamente del kirchnerismo decidió (sin quererlo ni saberlo) imitarlo, repitiendo muchas actitudes K en contra de los K. Aparece imprevistamente una nueva oposición que propone mucho del estilo K, pero apto para gente que no simpatiza con los K.

De golpe y porrazo, desde el ignorado campo profundo, productores independientes adoptan la consigna peronista de marchar con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes y presionan a sus líderes al ataque frontal contra el gobierno. Basismo en estado puro, asambleísmo y movilización permanentes. Fondo contra forma.
 
Todo lo que los intelectuales K soñaban para el pueblo K sin lograr jamás que nadie de ese supuesto pueblo moviera un pelo. En cambio sus enemigos ideológicos lo consiguieron de un día para otro.

De golpe y porrazo, surge de las entrañas provinciales un populismo agrario (como los que surgieron en EEUU y en Rusia un siglo atrás) que no tiene prejuicios ideológicos de ninguna clase.

Populismo clásico que apela a la sabiduría natural del pueblo, al sentido común de las bases, a la religiosidad y misticismo populares. Populismo que confunde y mezcla de modo osado y confuso ideas de izquierda y de derecha, como sus referentes históricos. No como el populismo K de intelectuales, que se creía un paso intermedio al socialismo.

De golpe y porrazo, los populistas agrarios hacen piquetes y toman rutas. Admiten que es ilegal, pero dicen que es la única forma de hacerse oír en el mundo K, ya que ése es el tipo de protesta que los K toleraron o usaron contra sus enemigos.

De golpe y porrazo, los chacareros interpretan mejor que nadie la lógica de los medios de comunicación: sus rudas caras y voces resultan más vendibles por tevé que las de Tinelli o Rial; el uso de los celulares une los campos desperdigados y motoriza cacerolazos urbanos.

Como hizo Perón con la radio o Menem con la tevé, los chacareros se fusionan con las nuevas tecnologías comunicacionales combinadas y desde allí conquistan públicos masivos, frente al kirchnerismo que, de tanto querer comprar o censurar medios y periodistas, terminó sin entender nada de ese mundo, salvo en sus versiones oficiales que nadie escucha ni ve.

De golpe y porrazo, por primera vez, un grupo social moviliza, en calles y plazas, más gente que el peronismo en el poder. Y frente a ellos, de manera defensiva, el peronismo se conforma con impedir -vía piquetes y amenazas- que las huestes bárbaras del agro avancen hacia Plaza de Mayo.

La República kirchnerista y la de verdad

La sublevación agraria no quiere gobernar o deliberar por medio de los representantes, sino directamente, con asambleas y en la calle.

Entonces, en reacción desesperada, los kirchneristas comienzan a reivindicar las instituciones de la República que querían desinstitucionalizar. Repudian por ilegales a los piqueteros rurales que cortan rutas, cosa que nunca hicieron con los piqueteros K. Piden más voto y menos participación, porque los campesinos suman más que ellos. Se enojan con los escraches que les hacen a ellos, cuando antes toleraron los ajenos.

No soportan que sus prácticas hayan sido apropiadas por otro sector que no comulga con su ideologías, sin darse cuenta de que eso era inevitable, porque en política todo vacío es ocupado. Y en este caso -paradojalmente- las formas avasalladas decidieron vengarse con respuestas de fondo.
 
Así, a los piquetes responden con piquetes; a los escraches con escraches; al populismo teórico con el populismo real; a la gente en las plazas con más gente en las plazas; a la movilización con más movilización; a la ideología sectaria con la confusión de todas las ideologías, y así al infinito.

Ojalá el gobierno, que sufre hoy en carne propia todo lo que hizo sufrir a los demás, sepa imponer la República que hasta ahora menospreció. Si sigue respondiendo golpe a golpe, a la larga perderá la guerra, porque el rival que tiene enfrente no es su enemigo, sino el hijo que no quiere reconocer.

Un hijo natural que es quien mejor aprendió las picardías del padre y a convertirlas en su propia fuerza. A esa fuerza no se le gana con la imposición sino privilegiando el consenso. Haciendo valer el poder de las instituciones “burguesas” que el gobierno despreció y a las que ahora recurre por desesperación, no por convicción.

Por lo tanto, ante esa grave limitación ideológica oficial, es deber imperioso de todos y cada uno de los argentinos colaborar en el rescate la República si queremos profundizar la democracia. Es que sin una férrea concepción republicana en lo formal, liberal en lo político y federal en lo económico, esta absurda guerra en que nos han metido sólo preanuncia el retorno de la anarquía.

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