Decidido. La víctima, en el lugar donde mantuvo la pelea con el delincuente y donde lo retuvo hasta que llegara la Policía.
Ayer al mediodía, un joven de 23 años con un buzo de la empresa de correo privado Andreani llamó a la puerta de la casa del ingeniero civil Samuel Cereda (57), ubicada en el pasaje Las Orquídeas, cercano al Club Pacífico. El presunto trabajador preguntó por alguien que Cereda no conocía. "No es acá", le dijo. El joven se fue.
Un minuto más tarde, Cereda salió de su casa para ir a buscar algo en su camioneta que había dejado estacionada en la calle. "Vi cuando el hombre se iba por el pasaje hacia la calle Perú; me llamó un poco la atención pero no le di mayor importancia".
Sin embargo, cuando el ingeniero dejó la camioneta y abrió la puerta de su casa, se dio cuenta de que el supuesto empleado de Andreani era en verdad un ladrón. Juntos, a los tumbos, ingresaron a lo que sería el estudio en la casa del ingeniero. Y comenzó una lucha cuerpo a cuerpo.
"El hombre me agarró de atrás y me empujó hacia adentro, yo me di vuelta y le di un golpe, él me dio otro y luego nos trenzamos en una lucha como de película", recordaba ayer la víctima, un poco más calmada, en el mismo sitio donde había tenido lugar la contienda.
"En un momento, esto (en referencia a la oficina) era un desastre, se había corrido la mesa, se había caído el monitor de la PC y algunos cuadros, tal como pasa en las películas".
Armado
Igual, la contienda guardaba una sorpresa más: en un momento dado, en el medio de la batahola, el delincuente sacó un revólver calibre 32 y le dijo al ingeniero, sin vueltas, que lo iba a matar.
"No sé qué me pasó por la cabeza pero me volví a arrojar contra él y logré que el arma se le cayera al piso. En ese momento, el escándalo era mayúsculo y llamé a uno de mis hijos, que entró y vio todo lo que ocurría sin entender nada", continuaba ayer el hombre.
Daniel, uno de los hijos de Samuel, pateó el arma para alejarla del ladrón, que para entonces perdía la contienda contra el ingeniero. Sin embargo, las sorpresas continuarían.
"Cuando vi que mi papá tenía dominado al tipo y voy a cerrar la puerta, me encuentro con un segundo hombre que pretendía entrar. El ladrón no estaba solo", decía el joven.
Al igual que su padre, Daniel aseguró que no sabe de dónde sacó fuerzas pero logró cerrar la puerta para después escuchar el grito del segundo asaltante ya que sus dedos quedaron en el marco cuando la puerta se cerró.
En medio de tanto escándalo (en la casa estaban, además, la empleada de la familia y una hija discapacitada del ingeniero), Daniel llamó desde su celular al 911 y la Policía llegó en menos de dos minutos.
“Tengo tres hijos”
De ese modo, el panorama en el estudio del ingeniero era el siguiente: el ladrón boca abajo con el ingeniero encima de él y el hijo del ingeniero con el celular en la mana haciendo una segunda llamada al 911, "porque por más que dos minutos no es nada, con un ladrón bajo la rodilla de uno se convierten en una eternidad", decía ayer el hombre, que también es docente de la Facultad de Artes de la UN Cuyo.
Entretanto, el atracador pedía clemencia para que lo dejaran ir. "Déjeme ir", susurraba, "soy padre de tres hijos".
"Creo que no gritaba porque, además, le había aprisionado el cuello", especulaba el hombre ayer por la noche. Lo que no sabía el ingeniero en ese momento es que en la contienda el ladrón se había tragado dos de sus piezas dentales. "Es factible que por eso hablara tan bajito", tal como dijo un efectivo más tarde.
Poco después de las 12 del mediodía llegó la Policía a la casa de la familia Cereda. Los uniformados se limitaron a ponerle las esposas al delincuente para luego trasladarlo hasta la seccional Tercera.
Después, según se supo, el cómplice del ladrón que había querido ingresar a la vivienda fue atrapado en las inmediaciones del parque San Martín. Los dos detenidos, identificados como Daniel Lucero (22 años) y Matías Pintos (23 años), quedaron imputados por el delito de robo agravado.
El ingeniero, que pesa casi 90 kilos -"creo que en mi peso radicó mi superioridad"-, dijo que chequeará que al menos el delincuente con el que peleó no salga en libertad tan rápidamente.
"De otro modo llamaré a los medios, iré a la Legislatura y hablaré con el Gobernador, para que alguien me explique por qué un hombre acusado de robo agravado está libre".