Viernes 25 de mayo de 2012 | 02:53 hs
Sin poder definirse a sí mismo con ningún rótulo, Rodrigo Galdeano hace reír todos los días desde el aire de Radio Nihuil. Ácaro, Johny, Tincho o Doña Presbicia, son algunos de los personajes a los que le pone voz, y a veces cuerpo. Según él, cada uno tiene una vida tan absurda y divertida como la de cualquiera de nosotros.
domingo, 08 de junio de 2008
¿Hablar con un humorista es divertido? En el caso de Rodrigo Galdeano sí, pero no por razones obvias. En su diálogo no cuenta chistes ni hace bromas, pero la espontaneidad de sus comentarios pone en evidencia que el humor -del que reniega como profesión- es el motor que lo acerca a la gente camuflado en sus variopintos personajes.
-¿Qué herramientas usás para que la gente se prenda en tu juego y no se asuste?
-Que se identifique. Que al escuchar al personaje piense que le pasó lo mismo. Que las cosas que cuento o que estoy interpretando, si bien juegan con el absurdo o con la ironía, tienen mucho que ver con la vida cotidiana de la gente.
-¿Usás el mismo criterio para armar personajes?
-Sí. La mayoría tiene como una psicología propia y la voy limando alrededor de cada personaje. Busco que tengan familia, amigos, que existan en Mendoza, que sean como todas las personas.
-¿Salen de gente que conocés o se van formando con partes de muchas personas?
-Algunos personajes quizá sean personas cercanas, familiares, o gente que vi en la calle. Todo depende del grado de observación que tenga. Por ejemplo el Pacheco, me dicen que es igual a un limpiavidrios; engancho algunas cosas de ellos y las puedo plasmar.
-¿Algún personaje fue más difícil de armar que otro?
-Quizá Johny Rivarola no me costó pero creo que los personajes que hacen referencia a los gays están muy trillados; intenté estudiarlo bastante antes de hacerlo.
No es un homosexual totalmente abierto, sino que tiene un grado de sufrimiento porque no es algo totalmente aceptado en la sociedad; hay mucha discriminación.
Es una insinuación y eso es difícil, pero una vez que los pienso y los largo es porque estoy muy seguro.
Con otro, un personaje mujer que era de la República Checa y muy culta, y su marido era sexólogo, no me sentí seguro y a la tres veces que lo hice lo saqué cagando.
-Se forman en el camino…
-Sí, en mi casa y con mis amigos. En los asados, cuando me dicen ¡está buenísimo!, listo. Mis amigos son críticos y me ayudan bastante. El último que armé se llama Richard y tiene un quiosco.
El tipo trabajaba en YPF,y estuvo en esa etapa cuando los rajaron a todos. Con la plata de la indemnización se puso un quiosco pero vive en un cuarto piso y le va re-mal porque los atiende a todos por la ventana, con una soga y un balde. Ese personaje lo hago desde hace poco y ha funcionado. Eso está bueno, me pone las pilas.
-¿Hay algo con lo que no se hace chistes?
-Sí, hay límites. A veces cuando uno está en el personaje y está acelerado te das cuenta que estás en el límite o te lo pasaste y uno se arrepiente un poco. Trato de que no pasen esas cosas. No quiero herir susceptibilidades.
Por ejemplo con el humor negro hay que tener cuidado. También con las personas que tengan un defecto físico o algo así; te mandás alguna al aire y puede ser muy chocante. Hay un abanico muy grande de público y dentro de eso puede haber personas que se pueden sentir mal.
-¿Qué cosas son fáciles para hacer humor?
-La actualidad te ayuda pero hay que tener cuidado con algunas cosas, por ejemplo, lo del campo. A la gente eso la tiene muy preocupada. Se puede usar pero redundar mucho en el tema puede jugar en contra.
Uno siente que las cosas se ponen fáciles cuando tenés compañeros copados, que saben que por ahí no todos los días podés ser copado, que sos un ser humano y que tenés días que la inspiración no llegó o alguna cosa te pincha.
Por ahí si el libro que escribís no está tan copado, te ayudan a que salga mejor. No me siento solo haciendo humor; sería terrible que esté yo solo.
Lo bueno es que, gracias a Dios, mis compañeros de laburo están copados con lo que hago; también los de otros sectores que vienen al estudio cuando hago los personajes. Entonces tengo público y eso me alimenta muchísimo. Son como los aplausos del actor en el teatro.
-¿Alguna vez te propusieron tener tu propio espacio de humor?
-Tuve la experiencia de hacer un programa de humor los sábados al medio día y no es que no funcionó sino que… (piensa un momento y comienza a reír) los sábados al mediodía son terribles.
Después de los viernes furiosos cuando me gusta salir a comer y a tomar, al otro día iba quemado.
En realidad no he tenido la oportunidad de hacer un programa de humor; no sé si da. Es como que estamos en radio ocupando el espacio de los demás programas y no sé si rellenando baches, pero estamos como para que los programas se distiendan un poco.
-¿Es una ventaja que no te reconozcan en la calle?
-A eso mucha bola no le doy, pero me sorprendo cuando voy a hacer los móviles y voy vestido de mí mismo. Comienzo a hacer el profesor Ácaro y algunos me miran y me dicen ¿Sos vos hijo de puta el que lo hace? Quizá está bueno que no te conozcan. Cuando hacía televisión estaba maquillado y tampoco me reconocían; eso es mejor todavía.
-¿Alguna vez pensaste en pasar tus personajes al teatro?
-Hasta ahora creo que no quiero hacer nada con los personajes; es una cosa rara que tengo. He hecho teatro pero no ha tenido nada que ver con los personajes de la radio.
-¿No te llama la atención?
-Qué sé yo. Debe ser que todo lo que tiene que ver con eventos, con teatros o espectáculos son los fines de semana a la noche y realmente no tengo ganas de laburar (risas).
Estoy en la radio y todo el día escribiendo libretos; si encima tengo que laburar en la noche en algún café concert o en el teatro, no me dan ganas.
-Si tenés que llenar un formulario ¿Qué ponés en la casilla de profesión?
-A veces pongo mozo, astronauta, stripper. Cuando pongo actor es peor; es mejor poner stripper que actor, porque te miran como diciendo: ¿Por qué no laburás? A veces he puesto libretista o comunicador, pero todo lo que tiene que ver con lo artístico hace que me miren como diciendo: ¿Sos humorista con esa cara de amargo?
-¿Y vos cómo te definís?
-Como humorista ni en pedo. No sé cómo me definiría porque es una mezcla de muchas cosas.
-¿Hay algún personaje tuyo que quieras más que a otros?
-A Tincho lo quiero mucho porque me hace transformar realmente en un niño y, cuando me caracterizo, más todavía. Me hace sentir que puedo llegar a cualquiera, no le tengo miedo a nadie. El profesor es mi caballito de batalla. Es más, la gente llama a la radio para decir "¡Qué bueno es el personaje que hace el profesor Ácaro!" (risas). No es Rodrigo Galdeano, sino el profesor el que arma los personajes.
-¿Vas a darle de baja en algún momento alguno de ellos?
-Sí, obviamente. A doña Presbicia le he querido dar de baja y me dicen que no. Encima ahora se complementa con el personaje que hace Carlitos (Romairone) que se llama doña Hilda y las viejas se potenciaron. No sé si a los personajes habría que darles de baja. Creo que habría que darle de baja a Rodrigo Galdeano haciendo humor.
Los personajes no tienen la culpa. Soy yo el que se tiene que dar cuenta que no me tengo que retirar como Hugo Gatti, que le hacían goles desde cualquier parte de la cancha. Me tengo que retirar, por más que sea de Boca, o como el Beto Alonso. Todos nos quedamos sin nafta en algún momento.
-¿A eso le has puesto fecha?
No, pero sé que esto no va a ser eterno y no falta mucho tiempo. No me gustaría estar siempre con esto pero en menos de diez años se va al carajo todo (risas).
-¿Y después qué?
Siempre lo he dicho, después me voy a dedicar a cocinar. Mi idea es cortar abruptamente con esto y dedicarme a la gastronomía. Me encantaría. Voy a tener gente amiga que va a ir a comer todos los días. Van a comer rico pero les voy a cobrar caro.
Claudio Barros - cbarros@losandes.com.ar