Una publicación de Taschen propugna la tesis de que la talla del pene sí que importa. La actriz Megan Fox confiesa su obsesión con el sexo.
miércoles, 04 de junio de 2008
Un libro para pasar vergüenza
Las frase de que “el tamaño no importa” por lo menos no va en este caso. Es que acaba de llegar a las librerías españolas 'The Big Penis Book', que propugna la tesis de que la talla del pene sí que importa.
Este libro, publicado por la editorial de arte Taschen, compila unas 400 fotografías —entre artísticas y pornográficas— que muestran una realidad que para la mayoría de las mujeres y gays se encuentra lejana: unos atributos varoniles con medidas a partir de 'bastante grande'.
Y aunque "la mayoría de los hombres que posan no son profesionales", según la editora de los libros de 'Sexo' de Taschen, Dian Hanson, éstos se desnudan para mostrar que rompen con la talla media y las estadísticas desde la misma portada.
Así, el libro comienza como un juego: si se le despoja del plástico de la portada se descubre que los calzoncillos del modelo se retiran también y se ve otro panorama, ya que el hombre que posa está considerado el propietario "del pene más grande”, con 27,94 centímetros.
Megan Fox es adicta al sexo
La bella Megan Fox despertó los ratones de la platea masculina al revelar que tiene un apetito sexual insaciable. “Tengo la libido de un adolescente”, develó la actriz.
Fox es dueña de una belleza única y de una personalidad avasallante. En diálogo con un portal de Internet, la diosa se atrevió a confesar que le obsesiona el sexo.
La actriz, elegida como la mujer más sensual del planeta por los lectores de la edición, dijo que prefiere quedarse en la cama todo el día con su amante que salir de la casa.
Y, como si fuera poco, admitió que tiene un apetito sexual insaciable: “Tengo la libido de un adolescente. Prefiero tener relaciones sexuales todo el tiempo antes que salir de casa".
No todo fue fácil en la vida de la morocha, que debió afrontar algunos problemas económicos cuando desembarcó en Los Angeles en busca de un trabajo.
“Cuando me mudé a Los Angeles no tenía plata. Me acuerdo que necesitaba afeitarme las piernas y no tenía ni para comprarme maquinitas descartables”, recordó.