Obra de los adultos

lunes, 30 de junio de 2008

En las escuelas de nuestra provincia ven con temor, cómo las formas de agresión que antes se daban entre compañeros, hoy también van dirigidas hacia sus docentes.

Pero, si analizamos otras cifras, en los últimos años se puede observar la persistencia de licencias por razones psicológicas y psiquiátricas motivadas en muchos casos por desgaste profesional, ansiedad, estados depresivos, etc., que explicarían en parte, por qué cuando se les preguntó a los docentes en una muestra que incluía a siete provincias, más de 80% reconoció que el nuevo clima de las aulas afectaba su salud, aún cuando 97% reconocía la existencia de violencia en las escuelas y 63% continuaba “motivado” con respecto a su trabajo.

Hace un par de años IIPE Unesco señaló que 47.5% de los docentes argentinos no quería estar frente a sus alumnos, dato que confirmamos en un estudio reciente, y al que hoy podemos agregar que algunas jurisdicciones, al no encontrar docentes suplentes ante el crecimiento de las licencias, deben recurrir a maestras jubiladas o a estudiantes.

Esta es sólo una parte de la foto con la que estamos viendo a los docentes y a las escuelas en nuestro país. La causa, a riesgo de parecer simplista frente a un fenómeno tan complejo como es la violencia, hay que buscarla en la irresponsable “obra” de los adultos que no sólo se han desentendido de la educación, sino que la han desvirtuado.

A la violencia de algunos alumnos, luego le sumamos la presión y la agresión de algunos padres, desautorizando a los docentes en sus criterios frente a las conductas, o en sus conocimientos a la hora de impartirlos a los niños.

Así, un docente enjuiciado por los padres y la misma sociedad, mal remunerado y desautorizado frente a sus alumnos, tiene sus razones para: perder la autoestima, vivir asustado, enfermarse o buscar otro empleo.

Hoy sanar la escuela implica recuperarla con urgencia como un espacio de encuentro entre alumnos y docentes, que asisten para cumplir cada uno con su tarea de aprender o enseñar, de la mejor manera, y con el mejor clima de convivencia. ¿Quiénes deben empezar el cambio? Los mismos adultos (padres, docentes, medios de comunicación y políticas públicas) quienes continuamos añorando una escuela a la que nos encargamos de destruir.

(*) Coordinador General del Observatorio de la Convivencia Escolar (UCA) y Miembro del Directorio del Observatorio Internacional de la Violencia Escolar. Por Alejandro Castro Santander - Psicopedagogo Institucional. (*)

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