"Al tipo le esperan años de sufrimiento, no es justo hacerle pasar un mal momento en su despedida", así explican de manera jocosa la razón de una tendencia que ha crecido bastante en los últimos años.
Se trata de grupos de hombres que cambian las despedidas de soltero que duran una noche y que tienen como objetivo "maltratar" al novio con paseos al desnudo, golpes varios y hasta depilaciones o cabellos teñidos, por viajes de dos o tres días a lugares alejados, con el sólo propósito de agasajar al futuro marido con dos asados por día, buenas bebidas y divertidas noches de boliche.
La nueva modalidad se da entre los hombres de 22 a 40 años que se casan o tienen amigos que emprenderán una nueva vida en matrimonio.
Según ellos la situación amerita una buena despedida de la etapa de soltero, y qué mejor que celebrar durante todo un fin de semana con actividades bien "machistas", como no comer otra cosa que no sea asado, hablar de mujeres que no sean sus novias o esposas y salir a bailar hasta bien tarde aprovechando que al regresar no está la "bruja" para protestar por el horario. Y todo bien regado con buen vino y fernet con cola.
Los destinos elegidos por los grupos que van de 6 y llegan hasta 20 integrantes son San Rafael, Córdoba Capital, Buenos Aires o Rosario cuando los viajes son en invierno y Carlos Paz o Reñaca en Chile para la temporada veraniega. Allí por lo general, el grupo de amigos del futuro esposo alquila una casa, un departamento o reservan en algún hostel para pasar las noches de viernes y sábado de una manera diferente a las del resto del año.
Incluso algunos planean la despedida para algún fin de semana largo y al periplo se le suma una jornada más de diversión.
"Hemos ido a Reñaca, San Rafael, Carlos Paz y Córdoba capital. Todos piensan que buscamos irnos lejos para estar con mujeres, pero la idea es otra, es más bien disfrutar de un viaje con todo lo que eso implica, preparativos, comidas, bebidas y charlas en espacios al aire libre y sin pensar en horarios, trabajos, estudios novias y esposas", confiesa Agustín (32) que ya despidió a la más de la mitad de sus amigos que pasaron a jugar al "equipo de los casados".
Esta innovadora modalidad de festejo está dejando de lado el concepto que reinó en las despedidas de soltero del siglo pasado, cuando era normal ver pasar por el microcentro mendocino a un sujeto desnudo atado en la caja de una camioneta sufriendo a flor de piel las inclemencias del tiempo. Aquellos festejos terminaban indefectiblemente en un cabaret, con el futuro novio con el pelo teñido o cortado y casi desmayado por los efectos del alcohol.
"Hoy en día el tema sexo se suplanta con otro tipo de diversión, no pongo las manos en el fuego por otros grupos, pero nosotros nunca hemos llevado mujeres a los viajes. Sólo se trata de hacer algo diferente a lo rutinario", afirmó Pablo (31).
Los pequeños viajes van variando en cuanto a logística según el grupo, pero la mayoría de las despedidas comienza un día antes en el supermercado. Allí se compran los productos básicos para garantizar un viaje divertido: carne, fiambre, bebidas, leña, hielo, pan y ensaladas.
Por lo general hay un par de encargados de las compras y luego se dividen todos los gastos, incluso los de alojamiento. En total, un fin de semana de despedida puede costar de 250 a 600 pesos, según el destino, el lugar de alojamiento y las actividades a realizar.
"A medida de que pasan los años se hace más difícil coordinar el viaje por los compromisos de trabajo o los hijos, pero nosotros hemos mantenido la costumbre. La idea es combinar la naturaleza con el boliche, y después de la primera noche hay charlas para todo el fin de semana", afirmó Federico Casas (35).
El grupo de Federico está compuesto por amigos que se conocieron cuando eran niños en la escuela Vergara de la Sexta sección, después se fueron algunos chicos del secundario y un par de la facultad.
En cuanto a la reacción de las novias y esposas, él mismo se encarga de responder: "Muchas opciones no tienen, a algunas no les gusta mucho, pero saben que el grupo es así y que no tienen otra salida que aceptar". Y cierra con una frase graciosa pero cierta: "Además algún día se van a acabar las despedidas...".