“¡No maten a mi mamá!”

Ese fue el dramático pedido de uno de los hijos de Patricia Convertini, la vecina de Carrodilla asaltada por segunda vez el jueves a la noche

domingo, 29 de junio de 2008
“¡No maten a mi mamá!”

Bronca. La mujer que, junto a sus hijos, fue rehén de cinco sujetos en la madrugada del jueves.

Por Eduardo Luis Ayassa - Foto: Marcos García

Miedo, impotencia, bronca, todo eso encierran las palabras de Patricia Alejandra Convertini, la mujer que junto a sus dos hijos varones de 8 y 9 años, debió soportar, en el interior de su casa la presencia de cinco ladrones. Al final se llevaron de todo, inclusive un auto que a las pocas horas apareció totalmente quemado.

Sin embargo después de este “calvario” (hubo otro robo hace un par de años), Patricia asegura que “voy a volver al barrio”.

Y el momento sirvió para que reflexionara pensando que sería lindo “sentarme frente al ministro de Seguridad para que me explique los robos y la inseguridad”. Y agregó más: “Ellos (por las autoridades) deberían decirles a mis hijos el porqué de esta situación”. Alguien debería ahora decirme a mí y también a los chicos por qué estamos en una casa que no es la nuestra, por qué no pueden jugar en la calle o en el jardín”.

Son demasiadas preguntas que, por ahora, nadie responde. Alojada en un lugar que no quiere identificar, la mujer se prestó al diálogo con Los Andes.

-¿Cómo fue el asalto?

-De terror. Fuimos rehenes durante 45 minutos. Nos estuvieron apuntando todo el tiempo. Eran 5, con las caras cubiertas y todos con armas.

-¿Y cómo llegó la Policía?

-En forma casual. Una llamada advirtió a una amiga mía que algo estaba ocurriendo. Ella llamó al 911 y ellos vinieron, pero yo no pude hacer nada. Estaba apuntada con un arma y otros hacían lo mismo con mis chicos. Así que les dije que no pasaba nada y se fueron.

-¿Y después?

-Uno me cuidaba y los otros revolvían todo. Ropa, electrodomésticos (televisor, microondas, play station), comida y alguna bebidas. También me pidieron bolsos y valijas para cargar todo.

-¿Y cómo soportó la lógica tensión del momento?

-Por mis hijos. Yo no podía demostrar miedo, aunque lo tuve y mucho. Precisamente uno de los chicos, en medio del asalto, le pidió a uno de los ladrones que se llevaran todo, pero “no maten a mi mamá ni a mi hermano”. Y el ladrón le contestó: “No te preocupés porque yo también tengo madre...”.

-¿Y al final?

-Bueno, ellos esperaron que se fuera la Policía. Creo que afuera había un sexto sujeto como de campana. Así que cuando estuvieron seguros, me obligaron a que les arrancara el auto (un Astra, modelo 2005) y que lo sacara de la cochera. Con todo cargado, se fueron por la única calle de salida que tiene el barrio. Ahí me enteré que un policía se había quedado oculto, aunque no actúo en ningún momento.

-¿Que es lo que más le llamó la atención?

-Los datos que tenían. Sabían mi nombre de pila y que estaba sola. Además pedían un Torino (de colección), pero que no estaba en la casa, y del Astra sabían inclusive que tenía seguro total. También me pidieron silencio por una hora y me dejaron 30 pesos para que me fuera de la casa en un taxi.

-¿Es creyente?

-Sí. Tengo un crucifijo y le pedía a Dios por nosotros. Por eso ahora me pregunto, sin entrar en un terreno político, qué esperan el gobernador y los ministros. ¿Dónde están las promesas electorales? ¿Habrá que esperar a que maten a alguna madre o tal vez a algún niño para buscar soluciones”.

Y como al principio, las preguntas no tuvieron respuestas.

La escenografía muestra la habitación sencilla, una mesa y varias sillas, sin embargo el bullicio viene de otro lugar. En un ambiente contiguo sus dos hijos ahora están jugando. Recién volvían de festejar, como estaba programado, el cumpleaños de uno de ellos. Sin embargo repiten que quieren estar seguros, que haya policías en las calles y que nunca más vuelvan esos ladrones. Y se volvió a preguntar: “¿Será posible?”.

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