Están recién llegados a Mendoza y todavía no pueden decir muchas palabras en castellano; como mucho, se animan a pronunciar -y con alguna dificultad- los saludos, preguntar un precio o dar las gracias.
Sin embargo, Michael, Conor y Kevin, tres jóvenes irlandeses que están jugando al rugby en nuestra provincia como parte de un intercambio, no tienen problemas para comunicarse y hacerse entender.
Sus ganas de conocer la Argentina, aprender de sus costumbres y vivir en carne propia el amateurismo del rugby criollo, los impulsa a relacionarse con sus compañeros de equipo, con la gente en la ciudad y cuanto lugar que recorren para hacer nuevos amigos a través del deporte y la cultura.
Pero no es casual que el trío de rugbiers de origen celta haya recalado en Mendoza y juegue para Liceo.
Los juveniles deportistas provienen del Bective Rangers, de Dublín, el club de donde proviene el utilero del seleccionado Menores de 21, que visitó nuestra provincia con motivo del Mundial de esa categoría que se disputó en 2005.
Desde aquella oportunidad, nació una excelente relación entre John O’Hagan y el enlace del representativo del Trébol en Mendoza, Claudio “Goro” Piña, y que se transformó una amistad que supera el tiempo y la distancia.
El rugby creó lazos afectivos, más allá de los deportivos, y la atmósfera del deporte ovalado argentino, basada en un amateurismo puro, sedujo a los irlandeses para que sus jóvenes no olviden una forma de vivir y de sentir este noble deporte.
“La idea surgió hace un tiempo, pero se concretó en Francia durante el tercer tiempo del partido entre Los Pumas e Irlanda, en el Mundial 2007, cuando nos encontramos con John
O’Hagan. En ese momento nos pusimos de acuerdo para que algunos chicos de Bective vinieran a jugar al club”, contó Piña, primera línea del plantel superior de Liceo.
Gracias a la buena relación que surgió con el club de Carrodilla, cuando fue sede de entrenamientos para el M-21 celta, la Primera de Bective, que participa de la liga amateur de clubes de Irlanda, visitó a los Clavos en 2006.
“Ellos aprecian mucho nuestro rugby, consideran que la idiosincrasia y cultura de los clubes argentinos hacen tan especial la forma de jugar y vivir el deporte; es como un plus en la formación de los jugadores que tanto éxito tienen en Europa y que pueden apreciar con Los Pumas. Además, estiman que por el avance del profesionalismo esa mística ha ido perdiéndose. Por este motivo decidieron enviar a jóvenes jugadores para que aprendan desde adentro nuestra concepción del rugby y puedan llevarla a su club y transmitirla”, explicó “Goro”, quien ubicó a los visitantes y los ayuda a insertarse en este nuevo contexto.
Conor O’Raghallaigh y Kevin Byrne juegan en el Menores de 23 y ya debutaron con la camiseta tricolor; mientras que Michael Cuddy, el mayor, llegó hace dos semanas y ya se entrena con sus compatriotas. Byrne, además compite en la M-19 del club de Carrodilla.
Michael, el mayor de los tres, manifestó que se siente muy a gusto en Mendoza y quiere aprender mucho hasta mediados de agosto, cuando finalice el intercambio; y que disfruta mucho de los entrenamientos de scrum, porque le dan mucha más importancia que en su país”.
Además, los rugbiers, que viven en el hostel Winkas, ubicado en el centro de la ciudad, coinciden en que esta es una experiencia muy enriquecedora en todos los aspectos, no sólo por el rugby, también en lo personal, por el hecho de vivir varios meses en otro país.
El rugby argentino no sólo exporta jugadores que se insertan en el mundo del profesionalismo; también es una fuente de inspiración y pasión, modelo y filosofía del amateurismo que en el Viejo Continente desean recuperar.