El tejido a mano combate los precios de la ropa de invierno

"Ahora prefiero tejer; me sale mucho más barato comprar la lana y hacer pulóveres y bufandas a mis hijos y nietos".

domingo, 15 de junio de 2008
El tejido a mano combate los precios de la ropa de invierno

Natalia Azcona aprendió el oficio de tejedora de su abuela Silvia. (Foto: Andrés Lrrovere / Los Andes).

Zulema Usach - zusach@losandes.com.ar

Que las prendas de invierno son 30% más caras esta temporada de invierno, no es algo que pasó inadvertido en nuestra provincia. Teniendo en cuenta que como mínimo se necesita de 600 pesos para renovar el armario con indumentaria adecuada, muchas mendocinas apelaron a su ingenio y en lugar de salir en busca de pulóveres, camperas, gorros y bufandas que se exhiben en vidrieras eligieron fabricarlos por sí mismas.

Es que de la mano de la inflación y las bajas temperaturas, todo es válido a la hora de abrigarse y ahorrar dinero. Muchas, incluso optaron por aprender los secretos del tejido para encontrar así una salida laboral, mientras que otras utilizan esta herramienta como un ?respiro' entre las obligaciones cotidianas. En forma más notoria que años anteriores, esta vez la clientela de tejedoras y aprendices creció.

La situación es confirmada por comerciantes y profesoras dedicadas al mundo de las artesanías. También se comprueba con sólo atravesar la puerta de las casas de lana, donde adolescentes, madres y abuelas revuelven en mesones con ofertas y eligen colores y texturas entre madejas y ovillos. Delia Oño (48) es una de las tantas creativas que esperaba su número frente al mostrador del local de Tualana.

Desde muy niña, Delia comenzó a crear indumentaria con sus manos y a partir de allí no se apartó de su oficio. "Sobre todo ahora prefiero tejer; me sale mucho más barato comprar la lana y hacer pulóveres y bufandas a mis hijos y nietos antes que pagarlos hechos", contó la mujer que además realiza trenzados en cinta.

En ese negocio de calle San Martín, es posible encontrar cien gramos de material por 3,30 pesos en adelante, de acuerdo a la calidad requerida.

Para Graciela Vázquez, encargada de Ortega Lanas, la tendencia de las mujeres -e incluso hombres- de Mendoza por volver al arte de las abuelas es evidente.

"Vienen clientas de todas las edades y hasta chicos que ven una salida laboral en la producción de artículos artesanales. Sobre todo, después venden los chales que tienen mucha salida en esta época", dijo.

Desde ese comercio explicaron que el aumento de los precios de las lanas ronda los siete pesos por kilo a lo largo de los últimos dos años. Pero eso no ha provocado un descenso en la demanda. Ocurre que hoy el costo de una bufanda producida a mano ronda los 9 pesos incluyendo el valor de las agujas, mientras que en cualquier comercio su precio no es inferior a los 25 pesos.

En el mismo comercio, los 100 gramos de lana de alta calidad, con motivos de fantasía es de 11 pesos, mientras que la más económica llega a 4,40 pesos. Para lograr precios accesibles y vender, los comerciantes también han tenido que ajustarse. "Tratamos de abaratar lo que más podemos los costos para la clientela", agregó Rodrigo Fluixa, quien trabaja en ese lugar.

Siempre se puede aprender

En la misma sintonía, las ganas por aprender nuevas estrategias para combatir el alza de los costos que se exhiben en las tiendas de ropa de hombres, mujeres y niños, creció entre las mujeres. Así, lo aseguró Natalia Azcona (31), quien hizo del tejido una profesión.

A lo largo de su vida, la joven entendió que lo suyo estaba en enseñar aquello que había comenzado a aprender gracias a su abuela, Silvia. Ella fue quien le explicó paso a paso los puntos que luego Natalia supo perfeccionar.

No por nada, la chica estudió durante cuatro años en una escuela industrial y más tarde presentó proyectos de enseñanza en el SUTE (gremio docente) así como en comercios dedicados al rubro. Hoy cuenta con quince alumnas que asisten para aprender crochet, dos agujas y macramé.

"Muchas eligen estas clases para despejarse, conocer nuevas amigas o perfeccionarse para comercializar lo mismo que producen", contó Natalia, quien fabrica manteles, almohadones, lámparas, tapices, mantas, pulóveres y hasta calzados con motivos y combinaciones irrepetibles.

Entre sus alumnas nunca faltan docentes y empleadas administrativas que encuentran en el arte de tejer un medio de escape al ajetreo cotidiano. De igual manera lo analiza Silvia. "El tejido te hace olvidar de los problemas y no importa la edad, siempre se puede aprender", concluyó Silvia.

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Natalia Azcona aprendió el oficio de tejedora de su abuela Silvia. (Foto: Andrés Lrrovere / Los Andes).

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