Viernes 25 de mayo de 2012 | 01:10 hs
Este es el año de los homenajes al 2CV francés y a modelos hermanos que aún siguen vigentes y dieron la vuelta al mundo.
viernes, 13 de junio de 2008
El Citroën 2cv y sus modelos hermanos muestran una particularidad entre quienes alguna vez lo manejaron: no tienen puntos medios; están quienes los aman y quienes los odian. De cualquier forma al cumplir 60 años, la citraca sigue vigente y todos tienen alguna anécdota que contar.
¿Quién no tuvo uno en la familia o se subió a uno alguna vez? Es uno de los autos más populares de la Argentina y a todos aquellos que tienen poco más de 30 años les genera un dejo de nostalgia.
La vida del involcable se remonta al 8 de octubre de 1948 en el Salón del Automóvil de París, donde debutó ante el gran público. Aquella era la primera versión del 2 CV, con un motor bicilíndrico refrigerado por aire de 350 cc. En ese primer contacto con la crítica causó admiración, pero también burlas. Se dice que un periodista estadounidense preguntó: “¿Y dónde está el abrelatas?”.
Pero a pesar de su estética “particular” su distribución a nivel mundial lo transformó en el hito del automóvil económico. Su cariñosa y singular imagen se ha divulgado y extendido asociada al mito juvenil, escaso de recursos, que lo convirtió en una visión hippie del automóvil. El mundo rural lo incorporó a su trabajo duro en el campo y la ciudad lo recibió, principalmente, con la versión furgoneta.
El coche de Mafalda
A finales de los '50, en la Argentina comenzaron a importarse los primeros Citroën 2 CV franceses y belgas. Respondían a la línea de la época, sin tercera ventanilla lateral, y capot acanalado. A principios de los '60, a raíz de su éxito, decidieron fabricar el modelo en el país y se instaló la planta de Jeppener (a 30 kilómetros de La Plata). Luego aparecieron las versiones Furgoneta y pick up (esta última con pocos ejemplares producidos).
Ya en ese momento se lo vincula como el coche de la clase media argentina, de modo tal que Joaquín Lavado, Quino, lo imagina como el auto de su personaje Mafalda y su familia y así se lo puede ver en varias historietas.
Incluso los memoriosos cuentan que en los primeros años de la década del ’70, en distintas ciudades del país se organizaba una competencia que consistía en volcar un Citroën.
Al que lograra la hazaña, doblando en una esquina a gran velocidad, la fábrica se comprometía a regalarle un modelo 0 km. Cuenta la leyenda que nadie, “ni el más loco del pueblo”, pudo lograrlo.
Modelos para fanfarronear
Con el correr del tiempo comenzaron las mejoras y cambios (agregado de la ventanilla trasera, nuevo capot) y en 1970 aparece la versión denominada 3CV, cuyo nombre sólo se utilizó en la Argentina, como demostración de evolución del modelo anterior.
En 1973 apareció la nueva línea Prestige, con la principal novedad de la quinta puerta trasera. En 1978 un nuevo lavado de cara se denomina M-28 y aparece la nueva furgoneta AK-400, con techo y puertas trasera más altos que el modelo anterior. Este modelo se produjo hasta 1980, cuando la empresa decidió concluir su producción en la Argentina.
Pero la historia del auto rana no se acabó, ya que en 1983, y tras disputas legales, el empresario Eduardo Sal Lari (que adquirió los bienes de la ex-Citroën Argentina) comienza nuevamente la producción del 3 CV, en este caso con la denominación de IES-3 CV.
Los primeros modelos eran básicamente similares al M-28 y también produce la furgoneta, aunque ésta no era como la AK-400 sino que era similar al modelo anterior y se denominaba IES-Carga. En 1990, la empresa quebró y se acabó la producción del modelo en Argentina.
Así como al Torino se lo considera el fierro nacional por excelencia, el Falcon es el coche de los argentinos (con un triste recuerdo después del '76), el Fiat 600 es el bolita que se guardaba en cualquier lado, el Citroën es el auto noble que nunca te deja a pie y con poca plata te lleva a cualquier parte.
Hoy en todo el mundo se encuentran los clubes de fanáticos que no cambiarían su auto rana por ¡ningún importado!