A Soledad le gusta Lengua y Ciencias Sociales, sus materias preferidas en la escuela, pero también -para sorpresa del cronista- dijo "me encanta tarefear", el duro y ancestral oficio de cosechar yerba mate. La nena tiene apenas 10 años, es menudita y tímida, pero en sus manitos ya despuntan algunos callos, hijos del rigor de la tarefa.
La vida de Sole, como las de otros cientos de niños misioneros, transcurre entre su casa, la escuela y los yerbales, ya que desde los cuatro acompaña a su familia a tarefear. Por ello, hay períodos en que pierde varios días de clases y va quedando relegada en las materias.
Está en tercer grado y no por falta de capacidad, sino de oportunidad de ser realmente niña. Pero claro, la dialéctica y la teoría son una cosa y la realidad, la dura realidad de los marginados, es otra muy distinta.
Hay quienes heredan bienes materiales; otros, algún don u oficio; y otros, ni siquiera eso. A este último grupo pertenece Sole, la nena que nació en un yerbal de San Martín, una colonia ubicada a 15 kilómetros de Oberá, la segunda localidad de la provincia de Misiones.
"Estábamos en el campamento y me dio ganas de orinar. Me senté, sentí que rompí bolsa y ahí nomás, arriba de las hojas de pino, la tuve a la Sole", recordó con simpleza su mamá, Evangelina Romualda Silva
¿Será ése su único destino, el yerbal?, o ¿podrá la niña construir una historia diferente a la su mamá y su abuela?
"Yo lo que más quiero es que ella y sus hermanitos puedan seguir estudiando, porque yo no pude y siempre viví en la pobreza", confesó Evangelina con la cabeza gacha.
La mujer tiene 37 años, seis hijos y vive en concubinato, "acompañada, nomás", como dijo ella. Evangelina no terminó la primaria, pero sabe leer y escribir, casi un privilegio entre sus vecinos de San Miguel, uno de los barrios más poblados y carentes de la periferia obereña.
Su madre también se crió en la tarefa y ella no zafó, aunque anhela un futuro mejor para Sole y sus otros hijos, como la pequeña Natalia, que con 4 añitos ya camina los yerbales.
Primero, claro, es como un juego. Los niños corretean y desgajan alguna que otra ramita. Pero con el tiempo se hacen duchos en el oficio y su aporte termina siendo sustancial, ya que cuanto más cosechan, más ganancia obtiene la familia.
"Aparte si mi marido se va solo nos tiene que dejar provista (mercadería) para nosotros y él allá también tiene que comer; dos ollas salen más caro que una", sintetizó con sencillez la situación Evangelina.
Sole, mientras tanto, controla de cerca las correrías de Nati con su perrito. Ya hizo la tarea, desoyendo un destino que parece inexorable.
Según un relevamiento de la Delegación Regional Posadas del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación hay 325 niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo en diferentes rubros de la provincia. Cerca de 121 de esos relevamientos se concretaron de forma conjunta con el Departamento de Erradicación del Trabajo Infantil del Ministerio de Trabajo de Misiones.
Las inspecciones se realizaron entre enero y abril de este año y las actividades fiscalizadas fueron: cosecha de yerba mate y de citrus, secaderos, molinos, fabricación de alimentos, aserraderos, construcción, comercios en general, hotelería, gastronomía, enseñanza y servicios, especialmente en cibers y en telecentros.
De 45 inspecciones que realizó la Subsecretaría de Trabajo, resultó que había 77 chicos, de los cuales 27, todos menores de 14 años, prestaban servicios en finca y chacras.
Una ambulancia lo llevó hasta el aeropuerto y desde ahí partió en un avión sanitario pagado por el gobierno nacional. Viajó acompañado de su hijo Migue y su cuñada Inés. Quedó internado en la habitación presidencial del Hospital Argerich de Capital Federal.