Viernes 25 de mayo de 2012 | 00:58 hs
jueves, 12 de junio de 2008
No estarán entre las próximas candidatas al Oscar, pero a buen seguro que arrasarán en la taquilla estadounidense. Se trata de “You Don’t Mess With The Zohan” y “The Love Guru”, las películas que respectivamente protagonizan Adam Sandler (41) y Mike Myers (45) y que los llevarán a competir en taquilla por mantener un idilio con el público casi ininterrumpido desde hace años.
Sandler interpreta en "You Don't Mess With the Zohan", estrenada el pasado viernes en los Estados Unidos, a un asesino del gobierno israelí, especializado en artes marciales, que finge su propia muerte para lograr materializar su sueño: convertirse en peluquero y vivir en los Estados Unidos.
La cinta lleva el sello de calidad en su guión de Judd Apatow, el último genio de la comedia estadounidense, creador de obras tan populares como "Virgen a los 40" (2005) o "Ligeramente embarazada" (2007).
En cambio, Myers apuesta, a partir del próximo día 20, por un personaje más taimado pero no menos hilarante en "The Love Guru", dirigida por el novel Marco Schnabel, donde encarna a un gurú indio que intenta hacer calar en la sociedad su mensaje de amor universal, con la inestimable ayuda de Jessica Alba y Justin Timberlake, en un papel sorprendente.
En la cinta, Myers vuelve a coincidir con el pequeño Verne Troyer, con quien compartió las mejores escenas de la trilogía sobre Austin Powers.
Toda una apuesta en firme para un humorista que desde la última entrega del agente secreto más psicodélico, "Goldmember" (2002), no ha cosechado un gran éxito con papeles de carne y hueso, pero que sí barrió en las taquillas con la tercera parte de "Shrek" (2007), donde volvió a poner voz al ogro por excelencia del cine de animación.
Sin drama
Aunque tanto Sandler como Myers saben a la perfección que el campo en el que mejor se desenvuelven y en el que se encuentran como gatos panza arriba es la comedia, ambos se descolgaron alguna vez con papeles serios y descarnados.
Myers emprendió el camino en 1998 con "54", cinta en la que ofreció un veraz retrato como el cocainómano Steve Rubell, uno de los fundadores del club Studio 54, por el que sonó como posible candidato al Oscar, algo que finalmente no se concretó.
Lo mismo ocurrió con Sandler y la extraordinaria "Embriagado de amor" (2002), un film de Paul Thomas Anderson en el que el humorista escondió su vertiente más desatada para ofrecer un papel de hombre solitario y repleto de obsesiones.