Iñaki Urlezaga
viernes, 16 de mayo de 2008
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Iñaky se siente motivado por todos los géneros, desde el rock al tango.
El bailarín no ha parado de cosechar éxitos.

Rendidos a sus pies

Esta noche, uno de los niños mimados del ballet nacional e internacional hace una función en el Bustelo. Llega con un repertorio nutrido por los aires piazzollianos y la fuerza expresiva de “Bolero”, de Ravel.

Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar

Los nombres de los argentinos dedicados al ballet que, en las últimas décadas, han alcanzado la fama mundial (no sólo en los más prestigiosos escenarios sino también en los medios) se cuentan con los dedos de una mano. Y en ese minúsculo puñado de elegidos se encuentra el nombre de Iñaki Urlezaga.

Desde el ’91, en que apuró sus primeros pasos profesionales en un escenario (escoltado por la solidez que imprime el haber obtenido una beca en la escuela del American Ballet), el guapo bailarín no ha parado de contabilizar éxitos. Y, entre ellos, sus once años como primer bailarín del Royal Ballet londinense ha sido, sin duda, su más fuerte as en la manga; bien ganado, por cierto.

La ductilidad es, diríamos, una de las mayores virtudes de su elogiada capacidad interpretativa: el repertorio que ha abordado en sus años de carrera es vastísimo y se nutre no sólo de piezas clásicas del ballet mundial (como “Don Quijote” o “Cascanueces”), sino también de las búsquedas contemporáneas de coreógrafos enormes (como la obra “The Judas tree” o “Songs of the earth”, ambas del principal coreógrafo del Royal Ballet, Kenneth MacMillan).

Ni qué hablar de sus presentaciones. Es que los pies de Iñaki han gastado los suelos venerados como un sueño inalcanzable por cientos de bailarines: el Covent Garden, el Metropolitan Opera House de New York, el Bolshoi de Moscú, Alla Scala de Milán, la Arena de Verona (siguen los nombres) y, por supuesto, nuestro (hoy cerrado por refacciones) Teatro Colón. De hecho fue Iñaki, con su espectáculo, quien cerró las puertas de este prestigioso templo de la cultura nacional hasta que vuelvan a abrirse para el bicentenario.

Aquí buscamos indagar en la nueva faceta que ha desplegado en su carrera: la de coreógrafo. Claro que no escapamos a las preguntas de rigor (y él, tampoco, a las frases de cortesía).

-La prensa de tu espectáculo promete una coreografía innovadora de Ravel. ¿En qué sentido lo es?

- “Bolero” es una obra que está impregnada de sensualidad, que al ritmo enloquecedor de la música tiene movimientos de vestuario en escena y mucho color; con efectos especiales que acompañan en la puesta. A medida que la obra adquiere fuerza musical toma potencia coreográfica y se van incrementando los efectos especiales que se proyectan. Estoy muy feliz con esta obra y a fin de año la bailaremos con la Compañía (el Ballet Concierto) en un evento al aire libre; en diciembre.

-Respecto de Piazzolla, ¿en qué aspecto de su obra ponés el énfasis en tu espectáculo?

- La obra con música de Piazolla es una creación de Julio López. Es un estreno especialmente para el público mendocino y, de ahí, al mundo. Los bailarines adquieren con esta obra un lenguaje nuevo para nosotros, que es el contemporáneo; con un solo mío que es fenomenal y en el que dejo la vida sobre el escenario, porque es dificilísimo y muy agotador. Pero me da un gran placer poder bailarlo. La ropa de esta obra es muy original y muy distinta a lo que se ve en tango. Así que sueño con que a la gente le guste y lo disfrute. No es tango tradicional pero es sumamente creativo.

- El año pasado estrenaste tus obras coreográficas en la Argentina, ¿cómo definirías tu búsqueda como coreógrafo?

-Es constante y a toda hora: siempre estoy trabajando y probando cosas y tuve la suerte de estrenar las coreografías que hice, no sólo en Argentina, sino también en grandes festivales internacionales; como el Vail Internacional Dance Festival de Colorado o bailarla en la Gala des Etoiles de Montreal, en Canadá. Ha sido fantástico ver la respuesta de distintos públicos, no sólo de mi país, que siempre me apoya, sino del público de afuera. Me maravilla que la gente disfrute de mis creaciones. Este año estreno, para el Teatro Argentino de La Plata, mi versión de “Cascanueces” y estoy exprimiéndome la cabeza para mostrar calidad y arte. Es la compañía de mi ciudad y es un gran desafío personal esa creación. Para el año que viene firmé con el Teatro Colón otro gran estreno junto a la compañía del Colón, que también me tiene súper entusiamado.

- ¿Qué es lo que todavía tenés pendiente como bailarín? En tu amplísimo repertorio, ¿cuál es la obra que, aunque querés, todavía no has podido abordar?

- Pendiente en el arte hay mucho. Creo no hay artista que pueda decir que no le queden cosas por hacer. Yo tengo la suerte de haber trabajado en las grandes compañías de ballet del mundo, como lo es el Royal Ballet y, en la actualidad, el Het Nacional Ballet de Holanda y, paralelamente, conjugo los tiempos para tener una agenda importante con mi compañía argentina. Es que mi objetivo es instalarla internacionalmente, y vamos muy bien encaminados con eso. La danza argentina es muy buena y para mí es un honor llevarla por el mundo, como lo puedo hacer en este momento. Bailo desde hace más de diez años los grandes tílulos universales, pero también estoy haciendo obras nuevas. Siempre trato de mejorar todo mi repertorio y darle al público lo mejor de mí. Me gusta exprimir lo máximo de cada artista, porque el público se lo merece. Es una gran pasión la danza y la tomo como tal.

- ¿Cuál es la situación -me refiero no sólo a la calidad de los artistas sino a las políticas de gestión, los teatros, los productores, etc.- de la danza en la Argentina, respecto de Estados Unidos o Europa?

- Yo veo una apertura hacia la cultura y, en lo personal, siento el apoyo de mi provincia (Buenos Aires) y de mi querida ciudad de La Plata. Se nota en la provincia de Buenos Aires que el gobernador Daniel Scioli se preocupa por el arte, por la danza, y hace grandes esfuerzos por que el público pueda ver espectáculos de calidad. También para que los bonaerenses podamos llevar la danza al mundo: me consta y me enorgullece, como bonaerense, tener ese apoyo.

- ¿Estás interesado en las búsquedas contemporáneas, en el cruce de lenguajes? ¿Te interesaría trabajar esos lenguajes desde lo coreográfico?

-Lo estoy haciendo: busco en todos los lenguajes de la danza para ampliar mi repertorio y llevar al público lo que le gusta ver, haciendo siempre hincapié en la calidad de cada espectáculo; porque es lo que el público se merece. Nosotros, en mi compañía, trabajamos para el público. Nunca hago cosas que a mí no me gusten o me parezcan pasatistas. Siempre la audiencia merece que el artista dé lo mejor de sí en el escenario.

-¿Qué música es la que más te motiva para tu creación coreográfica?

- Todo lo bueno me motiva: puede ser música clásica, rock, tango, nuestro folclore; hasta el pop también. Toda esta variedad musical la he llevado a los escenarios en distintas versiones coreográficas. Me gusta Chopin, Glazunov, Piazzolla, Mariano Mores, Ariel Ramírez, Ravel, Freddie Mercuri, Fito Páez, Sabina.

-¿Hacia dónde creés que va la búsqueda de los actuales creadores de la danza en nuestro país? ¿Cuál es la tendencia?; ¿difiere en mucho de lo que se está haciendo en otros países?

- El arte no tiene límites y, combinado con el movimiento del cuerpo, no sé hasta dónde podés llegar. Se pueden lograr cosa realmente muy bellas, como las que hace Mast-Ek o Jiry Killian. En fin, nunca tiene un tope; porque depende del espíritu con que lo sientas y lo mires.

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