El debut internacional de Luis Felipe Armendáriz había sido en el Sudamericano de Córdoba en 1960 (tercer puesto) y las restantes convocatorias llegaron para el Sudamericano de Brasil de 1961 (nuevamente tercer puesto) y para el Mundial Extra de marzo de 1966 en Santiago de Chile (se clasificó a rueda de perdedores). Entre otros grandes había tenido como compañeros a los bahienses Alberto Cabrera (el Mago) y Walter De Lizazo y al sanjuanino Guillermo Riofrío, un pivot de dos metros de altura.
En el Sudamericano de Mendoza fue de menor a mayor, porque al principio hizo banco hasta que empezó a integrar la formación inicial. Sus mejores rendimientos se dieron frente a Paraguay (18 puntos) y ante Uruguay (11 puntos) y su presencia resultó decisiva en el difícil duelo con Brasil, que se jugó doble a doble, falta tras falta,.
Aquella noche del 12 de diciembre de 1966 el técnico López le asignó una función mucho más defensiva, en la complicada misión de anular al base de Brasil -Carlos Mazzoni, conocido como Mosquito- un jugador desequilibrante y ofensivo. El mendocino se alternó en ese cometido con el capitán Feresín y el planteo resultó excelente porque el rival perdió su acostumbrada efectividad goleadora.
Unidos por una vieja y entrañable amistad de tantos años, reunidos por Más Deportes para volver a recorrer aquellos gratos e infinitos recuerdos de "Los Cóndores", Luis Felipe Armendáriz (68 años) y el profesor Luis Rodríguez (88 años) acercan aquellos bellos momentos, guardados para siempre en la memoria y en el corazón.
Recuerda Luis que "se formó una excelente selección, con algunos valores de los años anteriores y se trabajó desde el comienzo con mucha seriedad y responsabilidad; la organización fue óptima. Los tres primeros meses nos entrenábamos todos los fines de semana en las instalaciones del club River Plate en Buenos Aires y los últimos 15 días nos concentramos en Mendoza. La meta que nos fijamos era derrotar a Brasil, que venía de ganar 4 títulos consecutivos y al que sinceramente no se lo podía derrotar porque estaba 20 puntos arriba de la Argentina".
También elogia al profesor Rodríguez y destaca el mensaje del cóndor que los representó: "Don Luis hizo un trabajo impecable y físicamente no tuvimos fallas. Podíamos jugar dos o tres horas más cada día porque estábamos muy bien preparados. Sentía la potencia de mis brazos, la agilidad de mis piernas, estaba entero. Lo del cóndor nos comprometió a todos por igual, nos hizo más compañeros, más solidarios. Para nosotros fue como un mensaje de fe, de confianza, de que podíamos lograrlo".
Aquella fue una de las más grandes satisfacciones de su carrera deportiva (jugó 31 temporadas, entre 1950 y 1981, y se retiró a los 42 años), en las que ganó 10 campeonatos consecutivos con Andes Talleres (récord de 112 encuentros también consecutivos sin perder), además de aquel título de 1959 con Mendoza en Neuquén.