"Esto es suyo, profesor. Usted se lo ganó", fueron las sinceras palabras de Ricardo Alix ("manos brujas", una de las "manijas" de la Selección) cuando, abriéndose paso entre la multitud que había invadido el rectángulo para celebrar el campeonato obtenido, corrió al encuentro del profesor Luis Rodríguez para abrazarlo y entregarle la camiseta que había usado contra Brasil.
Era el reconocimiento a quien había estado en todos los detalles, por pequeños que hayan sido , además de su excelente tarea en la parte física, y así se había ganado la amistad y el respeto del plantel.
"El Profe" había planificado las prácticas en Villavicencio y en el Cerro de La Gloria para el acostumbramiento a la "altura" y en el gimnasio cerrado del Estadio Pacífico cuando ya sabía desde horas de la mañana que había amenaza de viento Zonda; también había solucionado el tema de la cama y las sábanas más largas para Finito Gerhman (2,11 metros), la reserva de dos pisos en el hotel Ariosto para tener cerca la utilería, kinesiología y el departamento médico.
Todo había pasado por el profesionalismo de "Don Luis", que después de haber dedicado toda una vida al deporte y enseñado a varias generaciones de mendocinos, confiesa agradecido con la fresca memoria de sus aún activos 88 años de edad: "Aquel gesto de Alix fue el mejor premio para mí y he guardado siempre con gran cariño la camiseta que me obsequió tras un prolongado abrazo al superar a Brasil. Así como era un jugador notable, técnicamente completo, también era muy difícil de conducir, de manejar. Se sabía superior y solía tener ciertas conductas de rebeldía. Por eso me conmovió aquel hermoso gesto, me demostró que lo había convencido de mi trabajo".