En Chile se celebró ayer el Día de la Madre, pero la fecha se transformó en la jornada más triste en la vida de Isaura Guzmán, una habitante de Futaleufú, la segunda población más cercana al volcán Chaitén. Isaura y su esposo Fabián Apaolazza están hoy lejos de sus dos hijos, uno de ocho y otro de un año y medio, que están Rawson, capital de Chubut, a poco más de 700 kilómetros de su hogar en Chile. El matrimonio envió a los chicos a la casa de un familiar para evitar que convivieran con la ceniza acumulada en el pueblo. "Nos asustamos mucho cuando todo empezó, nadie sabía que había un volcán cerca y por seguridad los enviamos a la casa de mi hermana. Sé que están bien pero los extraño mucho", nos contó Isaura con lágrimas en los ojos y Fabián agregó: "Nosotros tenemos animales acá así que no los podemos dejar y por eso nos quedamos".
Como ellos vamos encontrando en el camino a muchos pobladores con la misma preocupación y la misma convicción: cuidar sus animales y no abandonar el hogar. Futaleufú en estos días resalta en el mapa por estar a casi 70 kilómetros del volcán Chaitén y de la ahora desolada ciudad del mismo nombre. El municipio pertenece a la Décima Región de Chile, conocida como Región de los Lagos, y tienen una población de dos mil habitantes, de los cuales actualmente quedan 500 que se niegan a dejar el poblado.
Un sendero de cenizas
El domingo amainó despejado y claro en Esquel y Trevelin, una ciudad cercana. La noche del sábado no hubo lluvia de cenizas, la primera vez desde que empezó la actividad volcánica nueve días atrás. Sin embargo llegando al paso fronterizo entre Chile y Argentina -ubicado a 60 kilómetros de Esquel- el panorama cambia completamente. El sol casi no se ve y la visibilidad está reducida. En el puesto aduanero han visto por estos días pasar gente evacuada desde Chile y ayuda desde la Argentina. Una vez que cruzamos la frontera en auto, los diez kilómetros que hay hasta el municipio de Futaleufú ponen en evidencia que la erupción volcánica no sólo es poderosa sino también atemorizante.
En ese acceso nos encontramos con Gregorio Calderón, que montado a caballo va a ver sus vacas en un campo cercano. "No me he ido porque estoy sacando los animales. Nos han dicho que aquí no hay peligro, que el peligro es la ceniza nomás, así que por eso me quedo". Nuestra presencia con rostro casi irreconocible tras un barbijo y una gorra le genera curiosidad pero no desconfianza. Nos cuenta que vive con sus padres, pero que actualmente están en otra región de Chile, esperando que la situación mejore.
Seguimos nuestro camino y arribamos al centro del pueblo. La plaza llama la atención con sus árboles recortados en formas cúbicas. Alrededor, como en todos los pueblos, la iglesia, la municipalidad, el banco y la policía.
Las calles están casi desiertas y en el medio se destaca un gran camión con una antena parabólica gigante. Es de TVN de Chile. "Somos el cuarto equipo que llega y nos vamos relevando porque no sabemos hasta cuándo durará esta situación", cuenta nuestra colega Scarleth Cárdenas, quien nos abandona unos momentos para salir en vivo en el programa "Estado Nacional" para comentar los anuncios realizados por la presidenta Bachelet en Palena, otra población cercana a Chaitén y Futaleufú pero menos afectada por las cenizas.
El destierro tan temido
En Futaleufú la capa de cenizas tiene una espesor de 15 centímetros en promedio. Cubre techos, vehículos y vegetación en pocos minutos. Algunos vecinos aprovechan los ratos sin viento para barrer los techos. Los pastos están cubiertos y vacas, corderos y bueyes buscan los pocos espacios sin cenizas para comer. Pero algunos animales muertos a la orilla de la ruta hacen temer por la supervivencia del ganado si la lluvia de cenizas no aminora. "Yo no quiero dejar mi casa, ¿a dónde vamos a ir? Preferimos quedarnos si todavía tenemos salud y debemos cuidar los animales", nos dice angustiada Aurora Vallejos, mientras su esposo José Luis Saavedra prepara el camión para salir a alimentar sus ovejas con el forraje que le dio el gobierno chileno.
"Nos vamos a quedar aquí hasta que Dios diga, esto es una muestra de que Él es poderoso y elige nuestro destino", afirma María Elisa Vallejos quien sostiene que como Adventista debe poner toda su fe en Dios para sobrellevar la situación que vive. Otros vecinos en cambio sienten que la fuerza de la naturaleza es que la se impuso en Futaleufú. Hasta la erupción del Chaitén nadie hablaba del volcán y sólo conocían la población con ese nombre.
Entre los pocos habitantes que quedan en la zona se escucha un acento extranjero. Es el de Gregory Lansen, un abogado estadounidense retirado que desde hace menos de un año eligió Futaleufú para residir. "Este es el lugar más hermoso del mundo para vivir", dice en inglés ya que su español es bastante pobre. ¿Lo sigue siendo con tanta ceniza?, es la pregunta inevitable que le hacemos. Sonríe y en castellano responde: "Sí, aquí me quedaré a vivir para siempre". Así descarta volver a Florida, su estado natal y elige el paisaje chileno que comparte con su esposa y su perro Max.
Por el momento las clases siguen suspendidas, el hospital zonal trabaja con la mitad de su personal, que será relevado por el otro 50% de trabajadores dentro de una semana así ellos pueden irse a otras poblaciones a descansar de tantas cenizas. La solidaridad entre los que se quedaron fue inmediata y entre ellos se prestan agua y algunos víveres. Algunos comercios están cerrados y además de los vehículos oficiales, sólo ven algunas gallinas en la calle tratando de encontrar algo para comer. El viento comienza a soplar y empezamos a sentir la ceniza que nos invade los ojos y la garganta, una sensación que se transformó en una triste rutina de Futaleufú.
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