Buenos Aires. El 25 de junio de 1978, Ana María Careaga vio en Suecia, por tele y junto con su pequeña hija, cómo la Selección argentina ganaba su primera copa mundial de fútbol. No festejó.
Ana María había llegado allí exiliada desde la Argentina. Un año antes de aquella final, cuando era una adolescente y estando embarazada, la secuestraron y la mantuvieron durante cuatro meses en un centro clandestino de detención, el Club Atlético, donde fue varias veces torturada. La soltaron en setiembre del '77. A los pocos días se fue a Brasil y luego partió a Europa.
Hoy, Ana María es la titular del Instituto Espacio para la Memoria de la Ciudad y una de las promotoras de "La Otra Final, el partido por la vida y los Derechos Humanos".
"El evento que organizamos para el 29 de junio, en la cancha de River, es la final que debió haber sido, la final en democracia. Un homenaje-desagravio a la sociedad argentina en su conjunto. Invitamos a jugadores de aquella Selección y también a jóvenes que representarán a esa generación que no está. Además, habrá una marcha desde la ESMA -a sólo 700 metros de la cancha y donde funcionó un centro clandestino de detención-, actuarán artistas y en una tribuna se dejará un espacio libre, a modo simbólico", dice en uno de los salones del Instituto. Detrás suyo se deja ver un mapa con los centros clandestinos de Buenos Aires. El número 4 es en el que estuvo ella.
"La final del '78 la vi con otros ojos, yo tenía a mi mamá desaparecida (la secuestraron junto con las monjas francesas y sus restos aparecieron hace unos años). Tenía otro nivel de conciencia. La idea es que toda la ciudadanía tome conciencia de lo que pasó en la dictadura. Y esto incluye el Mundial, las Malvinas y los campos de concentración", concluye Ana María, con tono docente.
Como Careaga, Claudio Tamburrini también se exilió en Suecia luego de haber sido torturado en un centro clandestino de detención. Y vio la final por TV, pero él aún estaba en el país: "Me acuerdo que vi el partido por tele y luego salí con toda la gente a la calle, para recuperar confianza y atreverme a dejar mi escondite desde hacía más de dos meses, después de la fuga".
El escape al que refiere es la historia que inspiró la película "Crónica de una fuga". En noviembre de 1977, Tamburrini, por entonces arquero de Almagro y universitario, fue secuestrado y llevado a la Mansión Seré, en Morón. Tras estar 121 días desaparecido allí, logró escapar con tres compañeros.
"Hay un mito acerca del período pre-Mundial en la Mansión. Como se relata en mi libro ?Pase libre-Crónica de una fuga', el festejo que hubo junto con algunos guardias en la cocina fue en relación a una victoria de Reutemann. En la película, esa escena fue cambiada por un partido previo al Mundial, con buen criterio, para generar una discusión sobre el evento y la utilización que pretendió hacer la dictadura.
"No hubo contradicción entre mis sentimientos de hincha y futbolista, por un lado, y los de secuestrado, por el otro. Confiaba en que la gente iba a poder distinguir entre la fiesta y el festejo futbolístico, y el aval político a la dictadura. Y, de hecho, así fue", opina Tamburrini. CC
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