Lo que voy a expresar está basado en datos reales de la ciencia y sus especialistas. No son opiniones personales y no me hago responsable sobre la veracidad de quienes escriben y elaboran estas investigaciones. Mejor dicho, el responsable real es un médico neurocientífico llamado Thomas Cook, de Estados Unidos. Él sostiene que el matrimonio o la convivencia, como se quiera ver, hacen que la gente sea más inteligente. ¿Lo cree?
Y usted dirá: ¿qué tiene que ver el coeficiente intelectual con una unión producida por el amor? Pues bien, sus argumentos son tan sólidos que al final podemos darle algo de razón.
Esto es así de simple: cuando nos enamoramos y en las primeras etapas del amor, el sentimiento de euforia, el entusiasmo desenfrenado por estar con el ser amado, y todo lo que eso que genera, obligan a la persona a no pensar en otra cosa que no sea ese otro elegido.
En estas etapas, las resonancias magnéticas realizadas en estudios al cerebro demostraron que se libera algo así como una bomba de dopamina. Una sustancia que es la responsable del bienestar y de esa sensación placentera que se siente cerca o lejos del ser amado.
Pero cuando el tiempo pasa, la dopamina vuelve a la normalidad. Como si el volcán del Chaitén se aplacara (y ojalá que así sea). ¿Qué pasa entonces? La dopamina debe evolucionar pero aquí interviene la mano del hombre: cenas románticas, flores, bombones...
¿Por qué somos más inteligentes entonces? El secreto está en las diferencias. Los intereses distintos, los puntos de vista opuestos, los gustos por tal o cual cosa hacen que el compañero se cultive más. Por ejemplo, si ella es especialista en arte y él un médico, los dos mundos pueden encontrarse y retroalimentarse.
Tarde o temprano el compañero comenzará a involucrarse en el universo del otro. Y leerá libros que jamás ojearía siquiera.
Verá películas, a veces contra su voluntad, que no son parte de sus gustos. Probará otros alimentos y hasta frecuentará gente desconocida y no tanto. Esta interacción cultiva otras áreas del cerebro de los amantes y genera, en consecuencia, seres más inteligentes.
Así de simple es entonces. Lo ideal, para tener más coeficiente intelectual es, por supuesto, buscar a alguien con intereses diferentes. Porque claro está, si el esposo o esposa pasa todo el día en la cama mirando la televisión, probablemente las charlas no ayuden a estimular nada.