Si bien parece que quiso evitar por todos los medios llegar a juicio, el largo brazo de la ley ha caído finalmente sobre el ingeniero Ricardo Daniel Barré, quien será juzgado desde mañana por la muerte de Brian Mallón, un niño de Luján fue atropellado cuando iba a la escuela.
Según consta en el expediente, el particular caso contiene algunos elementos para sostener la afirmación precedente: el conductor se habría fugado sin ayudar al niño, habría ocultado el auto y luego una jueza determinó que no debía sentarse en el banquillo de los acusados.
Pues bien, luego de que la Suprema Corte de Justicia, decidiera lo contrario, Barré será juzgado desde mañana en el Sexto Juzgado Correccional. Su abogado -para evitar la exposición mediática de su cliente- ha pedido que se realice un juicio abreviado (ver aparte).
Lo abandonó en la ruta
El 21 de octubre de 2005 el pequeño Brian se levantó, desayunó, se puso el guardapolvo y, como todos los días, saludó a sus padres y salió de su casa - ubicada en una finca de Agrelo- para ir a la escuela.
Se fue caminando por la orilla de la ruta 7, en Agrelo, Luján, junto a dos compañeritas de 10 y 11 años, para tomar un colectivo que lo dejaría cerca de la escuela Fray Cayetano Rodríguez, de Alto Agrelo.
Pero al llegar a la altura del kilómetro 1.059, lo atropelló un Peugeot 504 color azul.
Ante esta situación el conductor decidió tomar el peor camino: vio al niño tirado en el piso, sobre un charco de sangre, y decidió irse, sin más.
Cómo suele pasar en estos casos, se inició una investigación y con algunos datos se llegó a conseguir el número de la patente del Peugeot y, claro, a su dueño.
Se encontró el vehículo que estaba escondido (el accidente no se había reportado al seguro) y presentaba otro color, otras ópticas, otro capot.
Pero las pericias determinaron que la pintura original del vehículo coincidía con los rastros encontrados en la mochila de Brian.
Un mes después del terrible accidente, Barré se presentó ante la Justicia y fue imputado por homicidio culposo.
Casi queda impune
Si bien en principio la investigación se cerró satisfactoriamente, el caso comenzó un largo proceso en los tribunales, en el que incluso una jueza decidió que el acusado no debía someterse a un juicio oral.
En junio de 2006, la fiscal Liliana Giner elevó el caso a juicio pero en setiembre de 2006 la jueza Lucía Motta, responsable del Cuarto Juzgado Civil, hizo lugar a la suspensión del juicio a prueba a favor de Barré, quien no tendría que sentarse en el banquillo de los acusados; sólo cumplir con algún trabajo comunitario y hacer buena letra.
Ante esto, el abogado de la familia del chico, Fernando Peñaloza, interpuso un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia.
La medida fue aceptada, el expediente se revisó y la Sala Segunda en un fallo unánime firmado por Carlos Bohm, Pedro Llorente y Herman Salvini declaró nulo el fallo de Motta, tal como ya lo había hecho el procurador de la Corte, Rodolfo González. Así las cosas, mañana el ingeniero Barré deberá presentarse ante la Justicia.