El punto de partida de una nueva era mundial lo constituye el fenómeno de una infraestructura tecnológica sobre la cual los sistemas sociales se desarrollan en contacto estrecho con un ambiente caracterizado por las computadoras y las redes de comunicación. Tres subsistemas sociales juegan un papel fundamental en la sociedad de la información: el subsistema económico o de producción de bienes y servicios y los subsistemas educativo y científico y tecnológico.
En la sociedad industrial, la sinergia operada entre el conocimiento científico y el desarrollo de la ingeniería conformó la base de la industrialización. En la era actual, la sinergia no sólo afecta las industrias de transformación de materia que comienza a ser reemplazada por las industrias de información, sino que modifica los modos de aprender, enseñar e investigar. Pero no se agota en ellos sino que se proyecta al subsistema político con un potencial profundamente transformador.
Michael Gibons hace más de una década en “La nueva producción de conocimiento” describió un nuevo modo de conocimiento científico que llamó modo 2 para diferenciarlo del tradicional.
Recientemente Ben Shneiderman, Catedrático de Informática en la Universidad de Maryland, propuso el concepto de Ciencia 2.0, en el que se combina la hipótesis basada en la investigación en el laboratorio con los métodos de investigación de la ciencia social para comprender y mejorar el uso de las redes humanas, que son posibles gracias a la conectividad digital de hoy en día. A partir de ello, el potencial social de tales redes puede ser aplicado en un amplio abanico, desde la seguridad, pasando por la medicina o el ambiente. La investigación basada en la Ciencia 2.0 incluye el diseño de intervenciones que mejoren rápido campos como el comercio electrónico, las comunidades on line o la respuesta ante catástrofes.
En función de ello, destaca Shneiderman: “Es el momento de que los investigadores en los diferentes campos científicos lleven redes sociales como estas a otra fase para que alcancen su potencial intelectual y den un beneficio social. Necesitamos comprender los principios que están interviniendo en estos sistemas”.
Básicamente este concepto ya fue elaborado en nuestro país por un destacado intelectual mendocino, el Dr. Horacio Godoy, quien en los ’80, con el despertar de Internet, propuso el concepto de ‘socialware’ para cubrir la brecha en la dicotomía hardware y software, indicando que las nuevas tecnologías de cálculo, cómputo y comunicación debía articularse a las funciones sociales que todo sistema social cumple para garantizar su supervivencia y desarrollo. Al tiempo que exigía revisar la antinomia entre ciencias básicas y sociales por un método fundado en la articulación de ambas.
¿De qué modo estos desarrollos teóricos se corporizan en nuestro sufrido país?
Paradojalmente, la Presidenta de la Nación había agendado su participación en la Conferencia Internacional Red de Gobernabilidad Progresista, en Londres, para la semana pasada, la que se vio dramáticamente impedida por la crisis del campo, que evidencia los nuevos modos de articular y difundir la protesta social; la distancia entre la decisión política y los intereses sectoriales, regionales y locales ha perdido su sentido originario -del que se aprovechaba la burocracia- para ser reemplazada por el intercambio de información entre representantes y representados y la decisión cuasi inmediata. Configurando esto un real experimento social, sin grupo de control.
El comercio electrónico elimina en buena medida la intermediación, las emergencias ambientales exigen información inmediata entre afectados y quienes pueden aportar soluciones; la decisión política en este caso también implica que pierdan importancia las instituciones tradicionales: congreso, gobiernos locales, partidos, medios de comunicación, potenciando una nueva gama de actores sociales, lo que resulta difícil de entender con los criterios políticos tradicionales.
El seguimiento on line de los cortes y concentraciones, tanto como las reuniones de funcionarios y dirigentes, no da tiempo para el estudio y análisis de alternativas. Lo que hace imperioso que se disponga de la más amplia y documentada información sobre la estructura de la propiedad, de la explotación rural, de la logística y la comercialización, de las culturas regionales y locales, del impacto urbano, entre otras y aún más de sus potenciales impactos a futuro. Lo que configura un incremento dramático de la incertidumbre y la complejidad que se instalan socialmente configurando la Telépolis (o tercer entorno que proponía Javier Echeverría) como modalidad de la vida social y política en la sociedad de la información.
El autor hace un detallado planteo jurídico acerca de cómo se podrá resolver el conflicto entre el Gobierno nacional y el campo en el terreno de los tribunales de Justicia. Para leer con atención.