Dos sapos de otro pozo

domingo, 06 de abril de 2008
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Mientras en el país grandes cambios comienzan a vislumbrarse, los dos mendocinos políticamente más importantes que tenemos, deambulan un tanto confundidos dentro de un mundo que cada día les es más ajeno que propio.

Frente a la crisis del campo, ni el vicepresidente Julio Cobos ni el gobernador Celso Jaque se han ubicado en el extremismo ideológico ni político en que se colocaron sus líderes nacionales, el matrimonio Kirchner.

Las actitudes de ambos no fueron confrontativas y siempre navegaron tratando de mantener una modesta dignidad, que cuando es más modesta que digna puede confundirse con la prescindencia o con el querer quedar bien con todos al solo efecto de quedar bien parados (aunque a la larga el querer quedar bien con todos sea la peor forma de quedar bien parado).
Cobos versus D’Elía. No obstante, es rescatable una actitud de Julio Cobos pues hasta la fecha es el único hombre importante del oficialismo que se atrevió a criticar -no lapidariamente pero sin medias tintas- las actitudes provocativas de Luis D’Elía.

Y es que frente a tanta obsecuencia dirigencial que llega incluso a defender -o quedarse callado- ante tan indefendible personaje, un mínimo gesto de reproche suena como un alivio republicano. Por lo demás, el vicepresidente mostró en el conflicto la cara más conciliadora del gobierno; no sabemos si porque esa es la misión que le mandaron cumplir, o si aparece como el bueno de la película porque en ella no tiene protagonismo ni poder alguno. Pero, sea por lo que fuere, mejor que peor lo suyo.

Jaque, entre el miedo a Félix o a Cristina. Celso Jaque ha navegado en una ambigüedad similar. Los medios nacionales lo colocan como uno de los gobernadores de rebeldía moderada en pos de una mayor participación federal en las decisiones nacionales. Y sus dudas sobre ir o no ir a los actos convocados por Cristina, fortalecen tal imagen. No obstante, si uno le pregunta a él o a sus interlocutores, siempre deja en claro que está en un todo de acuerdo con el gobierno nacional, por lo cual pareciera querer quedar bien con todos a la vez.

No obstante, debemos reconocer que, por lo menos, a una de las tantas convocatorias donde Cristina ordenó a sus tropas asistir para confirmar obsecuencias, Jaque no asistió. No lo hizo porque prefirió dedicar ese día a marchar hacia San Rafael donde gobierna uno de sus principales rivales internos, el intendente Omar Félix, que fue uno de los pocos kirchneristas que se animó a decir que en esta crisis él disentía con el gobierno nacional. Todo un gesto de audacia dentro del pensamiento único del gobierno nacional. Y ante tal actitud de Félix, Jaque, al menos en términos gestuales, intentó compensar con algún faltazo menor hacia los brazos del hegemonismo nacional. Poco, y quizá por conveniencias meramente internas, pero como lo de Cobos, rescatable en este paraíso de pusilanimidad.

En síntesis, tanto Jaque como Cobos se sienten, y cada vez que pueden se muestran, más republicanos que sus jefes políticos nacionales. Con gestos rescatables en su dignidad, pero cada vez más insuficientes frente a un país que ha comenzado a movilizarse políticamente, e incluso frente a un PJ donde ya emergen algunas voces rebeldes al centralismo K, más allá de los impresentables de La Rioja o de San Luis. En particular gobernadores o dirigentes que no están dispuestos a recibir la repulsa popular por culpa de su sumisión nacional. Gente a la que deberían imitar tanto Cobos como Jaque, desarrollando al extremo sus convicciones republicanas, en particular en aquellas cosas en que no se puede quedar bien con Dios y con el Diablo.

Porque, como decía el viejo general, a los tibios los vomita Dios.

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