
La fiebre por los teléfonos celulares ha alcanzado temperaturas verdaderamente inusitadas. Hace pocos días, por ejemplo, una empresa japonesa de lápidas dio a conocer un nuevo modelo de “Tumbas interactivas”.
La propuesta consiste en que cualquier persona que se acerque a una de estas parcelas pueda, a través de un sistema de códigos de barra y láseres emitidos por su teléfono móvil, ofrecer sus condolencias y recibir una serie de imágenes y mensajes seleccionados por el difunto, por supuesto antes de fallecer.
Poco puede sorprender, entonces, la creciente tendencia a utilizar estos aparatos con fines artísticos, actividades que en algunos casos persiguen una auténtica expresión o búsqueda crítica y en otros, como siempre sucede, el mero billete.
Exposiciones de fotografías tomadas con celulares, conciertos de ringtones o instalaciones con pantallas transmitiendo mensajes de texto en directo son algunos ejemplos de lo que viene sucediendo. Los aparatos mismos, de hecho, son tomados como piezas de arte: reconocidos museos como el Guggenheim o el Museum of Modern Art de Nueva York, Estados Unidos, han expuesto en sus vitrinas diversos modelos de teléfonos celulares. Vaya aquí, pues, un breve panorama de esta creciente tendencia.
Salí y hacela
Intenciones comerciales al margen, durante el pasado diciembre el artista plástico Henri Reichold llevó adelante una muestra de fotografías con un teléfono algo viejito, de cámara con alto pixelado, en la galería londinense Spitalfields.
“Las fotografías de Henri beben del post impresionismo para permitir que los píxeles al desnudo creen la atmósfera y textura de la imagen”, comentó la BBC inglesa acerca de su obra. Cuando pidieron al artista unas palabras para quienes pretenden continuar sus pasos, Henri fue muy directo: “Salí y hacela. No tengas miedo de usar la cámara de tu celular, no importa cuántos píxeles tenga. Siempre sostené la cámara por unos pocos segundos luego de haber sacado la foto. Y, finalmente... ¡Experimentá!”