Familias que no aceptaron ofertas

sábado, 26 de abril de 2008

Ing. Alberto Arizu - Luigi Bosca.

“Para nosotros vender implicaba deshacernos de una parte muy importante de nuestra vida”, dice Alberto Arizu. De hecho más de una vez se negó a escuchar ofertas. “Los demás pueden verlo como un negocio y no como una filosofía. Por tanto es difícil asociarse a un proyecto de este tipo donde pesa la forma de pensar”.
La familia sorteó los escollos de los 80 y 90 gracias a esta herencia. “Estábamos acostumbrados a vivir crisis, mis abuelos las vivieron y en el 30 tiraron vino a las acequias, volverse a armar era una constante, a las épocas de crisis las sobrevivimos así. Mi abuelo Leoncio tuvo que fiar hasta muebles para seguir con la bodega”.

Sylvia Bianchi – Bodegas Bianchi

“La fidelidad del consumidor nos ha ayudado a sortear todo tipo de cambios en el mercado. No podríamos haber vendido la bodega, somos una familia del vino y esta es nuestra pasión. Esta bodega fue el sueño de mi abuelo y es el nuestro”.
Bianchi comenzó a exportar en la década del 60, cuando sus vinos eran reconocidos en el mercado argentino. Este éxito local ayudó a impulsar la propuesta hacia el exterior. “Hoy que nuestros vinos son conocidos y premiados en el exterior sabemos que el consumidor no sólo busca un vino de calidad… sino que el hecho de pertenecer a una familia tradicional del vino, le da un valor agregado a nuestra imagen en el mundo”.

Eduardo López – Bodegas López

“La bodega cumple este año 110 años desde su fundación de la mano de José López Rivas, mi bisabuelo. Se persiste gracias a la cultura del trabajo. Los contextos cambiantes de Argentina son aplicables a todas las empresas. Hemos podido anticiparnos a los acontecimientos y a los vaivenes del país”.
López señala que no vendieron pese a las ofertas tentadoras ya que “es muy difícil desprenderse de una empresa construida a través de tanto tiempo y con tanto esfuerzo”, y en particular porque para la familia el negocio es una pasión.
Para López una bodega familiar es una ventaja. “Tener una cara visible, una persona con el apellido familiar, son sinónimos de compromiso frente a los extranjeros”

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