Están incómodos, muy incómodos. Los radicales de la Concertación no saben bien dónde pararse luego de que Néstor Kirchner, ahora desde el llano, decidió apostar todo al PJ, el partido que mantuvo congelado mientras fue presidente.
El reclamo de los radicales K es que Kirchner de señales claras y públicas de que la Concertación no está muriendo lentamente. Eso es lo que Julio Cobos y un puñado de dirigentes le expresaron el miércoles en un almuerzo a Alberto Fernández y lo que ayer el Vicepresidente habló en Olivos con el propio Kirchner.
Pero la incomodidad no cesa. Anoche el ex presidente dijo desde Ezeiza que el justicialismo ayudará a “reconstruir el país”, pero no dijo ni una palabra de las otras fuerzas políticas. Por eso Cobos quiere poner a Kirchner al frente de una mesa concertadora, una propuesta que el matrimonio K no considera.
La foto que intentará sacarse con Kirchner hoy el cobista Cornejo para atenuar el festejo peronista de Andes Talleres, es sólo un dato más de que a cuatro meses del segundo gobierno kirchnerista, la Concertación vive tiempos difíciles.
El ex presidente participará esta tarde de un acto en Andes Talleres donde el justicialismo local festejará la elección de octubre y renovará sus autoridades. El cobismo intenta atenuar el impacto.
El Gobierno y una UTE de empresas firmarán en diez días el contrato de consultoría para determinar cómo será el proyecto de la megaobra.